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Opinión

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    Tana Domínguez es uno de esos futbolistas distintos, un producto de las islas que ha sido capaz de llenar titulares de prensa y arrancar elogios con su brillante fútbol desde tierna edad. Con su cintura ha dejado sentado a todo un capitán de la selección española o con su fácil fútbol poner patas arriba a un estadio de 90.000 personas.


    Si además de brillante Tana hubiera sido constante, estaríamos hablando de uno de los mejores jugadores conocidos en el fútbol canario más reciente, a la altura de cualquier nombre de los que encumbran nuestro deporte. El otro Tana, el que conoce toda la ciudad y el que ha acabado con su etapa en la UD Las Palmas, es el que no se aplaude. Ni vale para mostrar a los aprendices de esa hermosa profesión que eligió.


    Pero Tana ha sido un privilegiado también en la vida. Le han concedido siete o más en la UD Las Palmas. Cuando estaba olvidado, cuando ya no era el niño de Brunete y daba vueltas en espiral en el fútbol regional, fue rescatado. Juan Manuel Rodríguez le brindó un camino con los profesionales, en la etapa en la que el actual técnico de Las Palmas Atlético dirigía los partidos en el Estadio de Gran Canaria.


    Que sí, que no, que si pasó esto o aquello. Desde el primer día generó un debate interno en el club, porque no era un jugador del montón. Pero ha ido gastando una tras otra vida, hasta que el último comodín le llegó ahora con Pepe Mel, que puso en sus manos la responsabilidad de llevar la nave en una etapa donde ya no se hablaba de un Tana desorientado sino de un jugador que debería estar en su madurez profesional y personal.


    Tana ya agotó su última carta. La jugó mal hace tiempo, quizá más de dos temporadas. Desoyó a aquellas personas que trataron de reactivar su carrera en el club. Las Palmas ya no espera por él, porque tampoco se hace esperar. En pocas ocasiones recordamos que un jugador abandone el club amarillo como consecuencia de un despido con carácter disciplinario. Así lo ha expuesto la UD Las Palmas, club que trata de rehacerse en un mundo lleno de convulsiones. Las económicas también son importantes.


    Alguien nos dijo en una ocasión que "posiblemente no le gusta el fútbol. Sólo tiene esa virtud". No somos capaces de respaldar tal teoría, sí compartirla. De lo que estamos seguros es que en algún momento tendrá añoranza de la vida que deja atrás. Aunque quizá sea tarde para vivirla apasionadamente, al menos con los colores de la familia deportiva que tanto creyó en él. Un duro punto y final.

     

    Tana ha tenido siete vidas en la Unión Deportiva; algunos deportistas que la merecieron o merecen no llegaron a disfrutar de la primera.

     

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