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Opinión

  • Ocho partidos dan para hacer ya una primera biopsia al actual proyecto de la UD Las Palmas, ubicado desde el inicio de la competición entre aquellos que galopan con intenciones de pelear por el ascenso cuando llegue mayo de 2019; o junio. Está en ello y, tras la jornada, no ha visto dañado su rol pese al contratiempo del último empate. Pedíamos una franja de encuentros para poder analizar con más perspectiva cómo se desenvuelve el equipo de Manolo Jiménez en los terrenos de juego, de lo que es capaz en realidad en una categoría que sigue muy abierta después de este periodo.

    Porque tras esta fracción de calendario se esperaba que los mecanismos del conjunto, la integración de las piezas y las capacidad física de los jugadores se uniera en un todo de la evaluación. Lo cierto es que Las Palmas camina en dos corrientes sin duda distintas: una solvencia defensiva propia de equipo candidato y la incógnita de saber si esa maquinaria ofensiva acaba por funcionar a pleno rendimiento para mayor producción de goles y puntos.

    Lo último que queda, sin embargo, es una de las contradicciones del momento: el equipo ha enlazado dos partidos sin marcar un gol en los que sumó 1 punto de 6 posibles ante dos candidatos. Sus jugadores acabaron el sábado con miradas hacia el suelo, sin comprender cómo habían volado dos puntos más del Gran Canaria.

    Sobre el compromiso, la voluntad, la ilusión y la motivación de los futbolistas no hay nada que decir. Cada minuto en el campo de cualquier amarillo es un aliciente para el aficionado, que puede ver reflejado en ellos la esperanza del objetivo. Otra cosa es el aire que fecunda la selva.

    Porque no es sólo la bajada de goles, sino también de ocasiones en las últimas jornadas. En cierta medida, es lógico que las posibilidades de remates fueran en menor cantidad frente a rivales tan cualificados a nivel defensivo como el líder Málaga o el Alcorcón, sin duda la sorpresa del primer sector del campeonato. Sin embargo, Las Palmas tiene más madera de la que se ha visto arder en esas fechas más recientes, anclado Rubén Castro en su sexto tanto desde la visita al Extremadura.

    Lo que no ha logrado encajar definitivamente Manolo Jiménez en este periodo es la definitiva fórmula de abrir las tradicionales líneas defensivas de la Segunda División. Muchos equipos tratarán de emular lo realizado por el Alcorcón en el Gran Canaria hace apenas unas horas, porque los alfareros minimizaron de manera muy clara ese potencial que se le adivina al representativo grancanario.

    Y es ahí donde hizo aparición la primera contradicción importante del propio entrenador Jiménez ... ocho jornadas después de iniciarse el campeonato y tras varias repeticiones de "estoy conforme con todo lo que tenemos", el "somos el equipo a batir" sin expresar quejas sobre el bloque de 25 disponibles. "No tenemos jugadores de desborde en el uno contra uno por las bandas", dijo este sábado tras el 0-0.

    Esas palabras merecen una reflexión porque el mismo técnico advirtió tras la llegada de Danny Blum que "es un jugador diferente, desborda, es muy vertical y tiene buena pierna izquierda". ¿Tampoco Sacko o Fidel?. No creemos que se refiera a un Garrincha del Siglo XXI porque ese jugador no lo encontrará en Segunda División.

    Focalizar en esa pieza un déficit a la plantilla no hace justicia al esfuerzo realizado por el consejo de administración de la entidad, que ha puesto a su disposición el abanico más amplio de opciones para el ataque. Y, además, con su consentimiento.

    El problema real de la UD Las Palmas, a nuestro juicio, es convertir en goles todo ese fútbol que es capaz de producirse en las botas del mencionado Rubén, o del reaparecido Araujo, Mir, Blum, Galarreta, Pekhart, ... Con todos esos ingredientes hablar de carencias suena a 'patada a seguir'.

    El aire que fecunda la selva es el gol. Y sin él las palabras se pueden vaciar de contenido.

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