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Opinión

  • El efecto revulsivo que ha intentado la UD Las Palmas con la llegada de Paco Herrera ha sido aplacado de inmediato por los tres rivales a los que se ha enfrentado: un gran Cádiz, un timorato Oviedo y un crecido Lugo.

    En los tres encuentros se ha producido una respuesta inconstante, sin equilibrio, de la UD Las Palmas: Desorientada en el Carranza aunque con intentos de crear fútbol a través del balón, sin decisión en el Gran Canaria y este domingo predispuesta a un intercambio de golpes, de la que ha salido mal parada.

    De los nueve puntos en la era Paco Herrera los amarillos han conseguido sólo uno. Por eso el efecto reacción en el modo resultado se ha roto parcialmente, porque queda mucho libro por leer.

    En cambio, no todo cae en el vacío. No menos cierto es que por primera vez en mucho tiempo Las Palmas fue en Lugo un equipo con criterio identificable para atacar. Tuvo por fin al menos una banda, la derecha, aunque la decisión de utilizar en ella con tanta eficacia por parte de Alvaro Lemos plantea errores de cálculo en las decisiones del verano. Tuvo también abundantes remates, como equipo importante, terminando no menos numerosas operaciones de ataque aunque el estado de forma de algunos delanteros es para hacerlo mirar. Sin embargo atrás, ¡esta casa es una ruina!.

    Aparecen brotes verdes, cierto; pero hay brotes negros que pueden eclipsar el día. Las Palmas no tiene continencia de sus rivales. Es un equipo que ha perdido la rotundidad del comienzo, que era al menos un aspecto a subrayar en el ciclo de Manolo Jiménez. Ocho goles encajados en tres partidos son excesivos y con esta permeabilidad es imposible pensar en otra cosa que no sea sufrir para que el castigo no sea mayor.

    Quizá el calendario se ha confeccionado esta temporada con sabiduría soberana. Plantea ahora la llegada del derbi, con la UD Las Palmas coleccionando una oleada de resultados decepcionantes y con un fútbol, en general, que presenta ruedas aún pinchadas. Pero no hay nada que una más a un canario que enfrentarse a su rival eterno. Lo ha dicho, aunque con sus propias palabras, el mismísimo Miguel Concepción después del empate del Tenerife ante el Extremadura. Los blanquiazules andan con sus propios achaques.

    Llega este derbi de la próxima semana para saber si los brotes verdes dominarán el panorama y se imponen a las dudas. Es una munición de alto calibre, aunque su destino aún está por definirse en qué dirección cae.

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