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Opinión

  • Pocas veces en las trayectorias de los clubes profesionales se generan tres etapas de un mismo futbolista. Son casos raros, nada frecuentes. En la UD Las Palmas actual hay dos muy señalados: Aythami Artiles y Jonathan Viera. No vamos a analizar el apego de ambos a ese escudo, porque es algo evidente que no necesita explicación. Hablamos en esta oportunidad de rendimiento de uno de ellos, ese dorsal 21 que se lo han vuelto a reservar después de la retirada de Juan Carlos Valerón.

     

    Jonathan Viera ha regresado otra vez a casa y, desde el primer día, se apreciaba su integración al proyecto, al propio colectivo de compañeros. Era como si nunca se hubiera ido al otro lado del Planeta.

     

    Pero el caso de Viera 2019 hay que evaluarlo desde una perspectiva de alto optimismo. Por lo que ha mostrado en estos partidos de su retorno, estamos ante un Viera en un estado muy elevado de juego, de madurez. Que incluso podríamos diferenciar del jugador 1.0 que partió con Jémez tras su paso por el filial y del 2.0 que volvió tras su experiencia aciaga en Bélgica. Porque hay tres Jonathan Viera también diferentes en sus tres etapas de amarillo profesional.

     

    Aquel primer Jonathan Viera era un jugador por formarse entre los profesionales. La mano de Juan Manuel Rodríguez fue la que le permitió tomar un asentamiento que frenara la ansiedad, logrando que su temperamento tan cálido pudiera enfriarse en determinados momentos de los encuentros. El fútbol de Viera era también en aquel instante una sociedad abierta con Vitolo Machín. Ambos multiplicaban el efecto o la influencia en el juego del equipo.

     

    El segundo Viera, el que llegó en 2015, arribó a una UD Las Palmas hecha, con hambre de éxito y con mecanismos de juego que ya funcionaban. Su regreso fue un refuerzo para apuntalar las posibilidades de ascenso a Primera División. Cumplió el objetivo. Fue un jugador influyente, pero no el único determinante en la etapa de Paco Herrera y más tarde Quique Setién. Viera lucía, llegó a ser internacional absoluto, en un entorno de gran calidad con un contexto de plantilla propio para su brillo.

     

    El Viera de 2019, tal como lo hemos visto en estos últimos encuentros, es posiblemente el más determinante de todos. Porque su virtud con Pepe Mel ha sido el sanear el juego del equipo, echándose encima una carga de responsabilidad que ahora es capaz de soportar. Ahora mide todos los tiempos del partido, analiza las debilidades de los rivales y su fútbol genera entre los amarillos el buen gusto y la vocación ganadora. Eso es lo que ha dejado hasta ahora.

    Jonathan está en su plenitud, sin duda. Ha logrado liberar a Pedri de muchas miradas, combina con todos, mejora las prestaciones de los laterales e, incluso, Pekhart muestra sus cualidades hasta ahora ocultas. "Hace mejor a sus compañeros", resaltó Mel.

     

    Pero, ¿hasta cuándo la afición de la UD disfrutará del Viera 3.0?. Hasta donde lo lleve su imaginación. Porque en el fútbol actual los jugadores son los que eligen destino. Y Jony está por labor de amarillo ... canario.

     

     

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