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Opinión

Un misil amigo desde la portería

  • EL OTRO PARTIDO
  • 25/12/2018 - 07:42
Raúl Fernández, con cara de circunstancias tras un partido (C. Torres)

 

Manuel Borrego

Hace unos años fue Mariano Barbosa (en 2012) quien a mitad de temporada y en una rueda de prensa rompió la baraja: "Estoy caliente con las actitudes pasotas y de no sacrificarse por el compañero" (...) "No estoy conforme y espero que los se sientan tocados sepan lo que tienen que hacer (...) El año pasado luchamos por no caer al descenso, pero esta temporada quiero más. Ya está; otra vez no".

Los porteros son personajes especiales en todas las plantillas. En casos suelen acabar siendo los compañeros más estimados del grupo porque hay que tener mucha personalidad para estar ahí, siempre ante un posible pelotón de fusilamiento. Muchos de ellos tienen una visión distinta de la vida, del fútbol e, incluso, acaban en los banquillos por ese gusto técnico que siempre llevan dentro. Al fin y al cabo están constantemente analizando qué sucede frente a su posición.

Otro portero de la UD Las Palmas, de alguna manera, ha emulado estos días a Barbosa que aquel día se ganó alguna mala cara en la plantilla amarilla. Ha sido Raúl Fernández, un nuevo tripulante en la nave amarilla. El guardameta vasco ha hablado de un problema que no tiene que ver con lo técnico o lo táctico; que no se refiere a la calidad del rival ni a la propia. Cuatro palabras de sus declaraciones resumen un mal que ha detectado en el grupo de profesionales que con él comparte la misión de devolver a la UD Las Palmas a la máxima categoría: "Falta unidad y compromiso".

Por supuesto, es un mensaje con destinatarios elegidos, no a la totalidad. Raúl habló antes de marcharse de viaje para pasar las Navidades en el Vizcaya pero dejó cuatro perlas más con destinatarios diversos que tendrán nombres y apellidos:

"Hay jugadores que estamos comprometidos y con ganas de defender el escudo de la UD Las Palmas, a muerte. Pero el que esté dudando y no sepa qué hacer, que se marche y ya está"

- "Es momento de juntarnos y de estar comprometidos. Y de sufrir" (...) "No tengo miedo, pero voy a dar la cara, porque defenderé este escudo con ganas y orgullo"

- "Siento impotencia. Me voy hecho una mierda a casa. Creo que a veces no nos damos cuenta de lo que nos estamos jugando"

"Está faltando algo de madurez ... Pero los se queden en el mercado invernal que lo hagan a muerte. Y los que no, ya saben"

Esas ventanas del vestuario tan abiertas es un claro mensaje para la dirección deportiva y para el cuerpo técnico. Sus superioridad deben analizarlas para bien, con sentido de corrección porque son una ayuda. Ha desvelado que hay jugadores deshojando una margarita en vez de estar centrados en el proyecto, reconoce lo mucho que se están jugando (especialmente los responsable del consejo de administración) y utiliza términos claves en modo de ingredientes ausentes, al menos en algunos partidos: orgullo, unidad, compromiso, sacrificio o sufrimiento.

Lo que ha hecho Raúl no puede ser censurable. Es un misil amigo lanzado desde la portería. Una búsqueda de solución del primer jugador de la plantilla que se ha anticipado a algo que crece y que se debe cortar de raíz esa pesada carga que hace a esta gran plantilla un equipo vulgar. El disparo ya está en el aire y, sin duda, esas palabras no pueden a caer en lugar desconocido.