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Bandas para qué te quiero

  • EL OTRO PARTIDO
  • 02/12/2018 - 22:47
David García levanta la cabeza. A su espalda, Javi Castellano reclama el balón en una acción de tráfico atascado (C. Torres)

M.B.

Paco Herrera eligió de nuevo este domingo una opción que acabó siendo asignatura pendiente de su antecesor en el cargo, Manolo Jiménez. Los presuntos especialistas para actuar por las bandas no participaron en el atascado encuentro frente al Real Oviedo. Las Palmas fue un equipo previsible y más cómodo de contener por un rival que pasa por el Gran Canaria sin grandes alardes, aunque se lleva de la despensa amarilla otro empate más.

Y todo se vería de otra manera si Rubén o Mesa hubiesen acertado en las dos oportunidades generadas ante la portería de Champagne; otro portero que acude al vestuario del Gran Canaria sin la sensación de haber tenido trabajo en abundancia.

El nuevo entrenador decidió cambiar el sistema. Optó por un 4-3-2-1, con David García, Deivid, Cala y Dani atrás, por el trivote integrado por Maikel Mesa, Javi y Timor, por los dos enganches con Tana y Araujo y por la teórica posición avanzada de Rubén. Pero, de esa manera, aceptaba a participar en el tráfico pesado que hubo en el centro del campo en un encuentro atascado y de poco brillo. Y las alas del equipo grancanario eran cortas: David García tomaba precauciones por la derecha y Dani Castellano apenas avanzaba por la izquierda.

El juego por las bandas del equipo, con tanta calidad ofensiva como la que se ha contratado esta temporada, presenta un déficit muy ilustrativo. Y lejos de ser una solución no alcanza a ser todavía un problema, porque no se usan. "No tengo jugadores que desborden y sean verticales" llegó a decir Jiménez antes de contradecirse semanas después al valorar a Danny Blum.

El germano fue, precisamente, uno de los dos descartes por decisión técnica de este partido en el que se produjo un nuevo episodio del receso o lento andar. El también zurdo Fidel se quedó en el banquillo sin opción de salida, mientras Sacko está en periodo de recuperación de una lesión.

Herrera no oculta que a su equipo le falta confianza con el balón, pero lo dispuesto en esta oportunidad provocó que ese juego sin desborde siga precipitándose hacia las murallas que planteaba por el centro el Real Oviedo.

Las Palmas, sin esas bandas o al menos en el intento de tenerlas, es un equipo sin la alegría de la velocidad. Y no es por carencia de esos jugadores; es una elección que, de momento, deja rastros de pólvora mojada.

Fotos: C. Torres