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Opinión

Las siete vidas en la UD de Tana

  • EL OTRO PARTIDO
  • 11/02/2020 - 04:50
Las siete vidas en la UD de Tana Tana, el sábado pasado, saluda a Cala. Era suplente frente al Cádiz (C. Torres)

Manuel Borrego


Hace unos días preguntábamos qué méritos deportivos había encontrado Pepe Mel para conceder en el derbi contra el Tenerife la casi inmediata titularidad a Tana en su regreso al club. Si era suficiente lo que pudo comprobar en algo más de un mes para ponerlo por delante de una hilera de jugadores que habían llevado a Las Palmas a los 34 puntos. La respuesta en el campo de Tana fue insuficiente ese día; también la posterior en Riazor frente al Deportivo. Decía entonces el entrenador que había que darle partidos porque "en el futuro nos proporcionará muchas alegrías". Sus decisiones, ante el Cádiz, fueron en sentido inverso a las palabras.


Hace unos días Tana pedía en una entrevista cariño y paciencia de la grada del Estadio de Gran Canaria en su vuelta al equipo. El afecto ya se lo habían demostrado los aficionados con una ovación al ser relevado ante el Tenerife en un encuentro en que no mostró ser Tana. La paciencia, en cambio, no se vende en la farmacia del deporte. Esa la ponen los resultados, primero, y el crédito futbolístico individual, después. Por ese orden.


Tana está en la séptima vida como jugador de la UD Las Palmas. Es así ahora porque ese cariño que busca, según él, no lo encontró en China. Y los numerosos clubes que supuestamente se habrían interesado por él en el pasado tampoco hicieron una apuesta en este campeonato para ponerle otro escudo en el pecho que no fuera el de la UD Las Palmas. Su tiempo otra vez había que localizarlo aquí; también el compromiso.


Domínguez quizá no lo sabe bien o no ha alcanzado a comprenderlo. Pero es uno de los jugadores de cantera con más privilegios en la historia reciente de la UD Las Palmas. Las apuestas que ha hecho el club por él son numerosas, a pesar de que en esta isla tan chiquita no hay secretos. Y apuestas cuantiosas.


Uno se acuerda en estos momentos de futbolistas que no alcanzaron a superar su primer comodín en el club. Son muchos: Omar Fleitas, Carlos Gutiérrez, Alvaro Arencibia, Borja Herrera, ... hasta el mismísimo Diego Parras, que recientemente rememorábamos. Hablamos de jugadores que pasaron a ser deportistas correctos, disciplinados, leales a la causa y a su profesión. Pero no fueron tocados por una varita mágica o los planetas no se alinearon a su favor en las respectivas etapas. Son muchos más, insistimos, con vidas efímeras de amarillo sin resistir al criterio de entrenadores.


Tana no es hoy el jugador brillante del último ciclo en Las Palmas de Primera. Podría volver a recuperar ese aroma, pero sólo depende de él, como siempre ha ocurrido. Porque en plenas facultades deportivas es diferente al resto. De lo contrario pasará lo que a tantos otros jugadores que llegaron a tener incluso mayor calado que él en el fútbol nacional: el tiempo se los tragará sin tacto ni paciencia.


Quizá no se ha dado cuenta que ya va camino de los treinta y desde hace mucho dejó de ser el niño de Brunete.

 

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