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Opinión

  • Si había pilotos en ámbar pudieron cambiar a color más intenso después del reciente partido de Valencia. En menos de una semana, dos refuerzos para las posiciones del centro del campo completan en teoría ? la plantilla con la que la UD Las Palmas afrontará el primer sector de la Liga.

    La venida de Samper y Aquilani se convierte en una buena noticia para el equipo, porque la nómina profesional incrementa con un futbolista con buen gusto con balón y otro experto, curtido en el Calcio, metido muchas temporadas en la piel de la batalla en la élite. Esas decisiones constituyen un bien claro para el colectivo, pero incógnita para el propio proyecto del club. Porque la salida de jugadores en proyección encuentra nuevas puertas y porque los que ya están en plantilla deben revisarse a sí mismo y recapacitar sobre el por qué la dirección deportiva -en conexión directa con el cuerpo técnico- acude a soluciones del exterior para cerrar el debate del verano.

    Las Palmas debe aprovechar el viento que traen Samper y Aquilani, jugadores de dos escuelas antagónicas, para enriquecer su fútbol, para mejorar el rendimiento y, ¿por qué no?, para aprendizaje de sus nuevos proyectos individuales. Sobre todo en el caso del italiano, que trae en mochila el mapa de los atajos del fútbol.

    Todo ello tendrá sentido con una única vara de medir: los resultados. El tiempo dirá si Samper y Aquilani respondían a esas necesidades que viene insinuando sutilmente el técnico Manolo Márquez: "parecíamos cinco en defensa y cinco en ataque", "a este ritmo no haremos nada en una Primera tan exigente", "hay que correr mucho para jugar bien", "necesitamos intensidad", ... Esas mismas palabras las podría haber pronunciado en la pasada segunda vuelta Quique Setién, su antecesor.

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