EL OTRO PARTIDO / OPINIÓN

La frase de Jesé sigue vigente a 90 minutos de un veredicto
Manuel Borrego
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08/06/2026
Jesé, cabizbajo, abandona el campo tras ser relevado en la segunda parte (C. Torres)

“La UD Las Palmas es el mejor equipo de Segunda y yo, el mejor jugador”. Como frase para una tipografía de titular periodístico está perfecta. No necesitaría aclaración ni matizaciones. La pronunció Jesé Rodríguez hace unas semanas, antes de que se resolvieran los dos ascensos directos y las plazas de promoción.

 

El enunciado está ahí y sigue vigente después del 0-1 de este domingo frente al Málaga. Y aunque ya se repartieron las tarjetas de embarque de las primera y segunda posición, todavía queda una con cuatro equipos discutiendo en el campo por ella.

 

De momento, ni Jesé ni la propia UD Las Palmas han demostrado que aquel mensaje que caló tanto esté respaldado por los resultados. Aunque está en manos del enfadado ariete amarillo y de todo el enojado conjunto de Luis García Fernández voltear la situación.

 

Nosotros le aplicaríamos una segunda misiva, esta vez dirigida a los propios actores. Amarillos: No miren al árbitro, mírense a sí mismos. Y deben hacerlo de manera urgente porque lo que ocurrió en el encuentro 1 de las semifinales dejó semillas descorazonadoras, al margen del criterio de un colegiado erróneamente designado, a nuestro juicio. Con un precedente tan potente como el que había protagonizado en La Rosaleda, nadie iba a dejar de mirar de reojo.

 

Pero el problema no fue Fuentes Molina. Los obstáculos de la UD Las Palmas comenzaron con la desconexión que logró el Málaga ausentando a los generadores Kirian y Manu Fuster. También con la ambiciosa presión del equipo andaluz, repetidor de lo mucho realizado en la primera vuelta cuando ganó también 0-1 con Sergio Pellicer. Y con ese paso de más que no dieron los jugadores amarillos, con una velocidad menos que su rival en juego, concentración y armamento para las disputas.

 

Los que no fallaron fueron los otros amarillos, los de la grada. Inyectaron sus mensajes de ánimo hasta donde el fútbol les permitió. Y se fueron a casa con la tristeza de un marcador que les hace temer, pero de momento solo es eso.

 

90 minutos o 120 para dar vida o sellar una temporada. El tiempo suficiente para demostrar tensión, intención, imaginación y ambición en La Rosaleda, donde no les esperan con flores y vítores. 90 minutos para que la frase de Jesé no caduque tanto para el equipo como para él. Que se enfade es, al menos, buena señal porque doler, ha dolido.

 

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