OPINIÓN

Carta abierta a Luis García Fernández
Manuel Borrego
Manuel Borrego
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11/06/2026
Luis García Fernández dirige una señal a su familia, tras un partido en el Estadio de Gran Canaria (C. Torres)

No tenemos el gusto de conocer personalmente al entrenador de la UD Las Palmas de 2025-26, Luis García Fernández; tampoco es nuestra pretensión. La relación actual entre los informadores y los protagonistas de los equipos profesionales ha cambiado mucho en los tiempos modernos, nada que ver con la intensa interacción de antaño. Existe un muro de cristal fabricado desde hace tiempo que, por otro lado, no es nuestra intención el rebasarlo.

 

Tampoco conocemos la metodología de trabajo, ni la labor que ha aplicado en su quehacer de la factoría futbolística del equipo desarrollada en Barranco Seco. Esa valla también desde hace tiempo está ahí, instalada en todos los clubes que ya no tienen como testigos a los narradores de la actualidad. Por eso todo lo que podamos decir de la labor de García Fernández, de sus técnicos auxiliares y de los de detrás del telón es reflejo de la competición propia y del examen exhaustivo de cada cifra que ha firmado el equipo en la clasificación y rankings de la categoría.

 

A Luis García Fernández le podríamos decir que, de haberse jugado el último partido de la campaña en casa tras lo visto en La Rosaleda, probablemente sus jugadores y él habrían dado la vuelta de honor en el Estadio de Gran Canaria. Hay una sabia afición isleña que quizá todavía no ha descubierto totalmente. Lo decimos porque así fue el epílogo del ejercicio liguero 1997-98, por ejemplo, cuando el grupo dirigido por García Remón se quedó a las puertas de un ascenso tras notable fase regular y emotivo play off con el Real Oviedo. Ese segundo partido se jugó en el Estadio Insular y la afición de la UD, entre las lágrimas propias y la de sus futbolistas, se quedó en el recinto para agradecer con sus aplausos el gran esfuerzo realizado, el fútbol generoso de los amarillos durante todos los meses de competición, y que no encontró premio.

 

Por cierto, el caso análogo de García Remón lo mencionamos por lo ilustrativo que resultó su pérdida de peso desde que llegó a la isla hasta que decidió no seguir: 20 kilos. La procesión iba por dentro y por fuera para el mítico Gato de Odessa. Pero en el recuerdo han quedado los 73 puntos que logró en la fase regular … precisamente como el García actual de la UD Las Palmas. Ese dato (y no relato) es innegociable y no se logra por casualidad.

 

Entendemos que Luis García desconoce este episodio del 98 y muchos otros de la entidad porque apenas ha estado un año y no es tiempo suficiente para descubrir bien todos los rincones de la UD Las Palmas; los de dentro y los de fuera. Tampoco tendrá una exacta valoración García de lo que es el puesto que ocupa, con antecedentes de colegas compañeros que vivieron esos momentos de incomprensión y, a veces, de injustas valoraciones a la labor. Podríamos poner muchos ejemplos, pero queremos que García Fernández sepa que también la han vivido en distintas dimensiones técnicos de éxito en el club con ascensos como Roque Olsen, Pacuco Rosales, Sergio Kresic -¡qué mencionar de su manifiesto cuando dijo basta antes del arreón final por el ascenso!-, Paco Herrera o el mismísimo y más reciente, García Pimienta. Insistimos: no vamos a desmenuzar la hilera de los que no triunfaron en el club, porque es la historia interminable.

 

Hay una parte de la UD Las Palmas que, a nuestro juicio, comenzó a brotar después de aquel descenso de 1983 que cortaba la mayor etapa del club en Primera (19 años consecutivos). Y que una línea de desmedido pesimismo se ha instalado y se regenera, como los rejos de los pulpos o la cola de algunos reptiles. En algún momento, el presidente de la UD Las Palmas ha llegado a mencionarnos una frase que describe a ese grupo que a veces tiene que mirar a los ojos el propio García: “La UD Las Palmas también está rodeada de perdedores y tenemos que aceptarlo”. Suscribimos ese mensaje.

 

Es normal que entre las opciones esté rondando en la cabeza de García Fernández el no seguir, el no repetir en la silla eléctrica. Hay un ser humano y una familia tras el entrenador, que sufre, siente, pero también se enamora del club, de su gente, de un proyecto, de un estilo, de su cantera, de la isla, de las cosas bien hechas -que habría que reforzar- y de sus convicciones -que sugerimos revise si debe corregir errores-. También esta última es afirmación que debe recibir el propio Luis Helguera.

 

Por cierto, otro de sus logros es no haber cometido un solo grave error en el otro partido, el de las más de 84 ruedas de prensa que se revisan con lupa. A Luis García no se le ha localizado una contradicción, un derrape grave en cualquiera de sus intervenciones. Eso es muy difícil en los tiempos actuales, donde el entrenador repite otro encuentro arriesgado ante los micrófonos.

 

La obra de García Fernández quedó inconclusa esta vez. Pero hay más aspectos que queremos subrayarle porque están relacionados con sus otros logros. Ha despertado la ilusión en una temporada muy difícil, que venía precedida de una gran decepción con otros protagonistas. Ha acelerado el pulso de los aficionados leales del club hasta el minuto 98 de este miércoles, porque el motor de la ilusión ha estado en marcha desde el minuto 1 ante el Andorra hasta el final. 

 

Y hay algo que desconoce y no tiene precio: Disfrutar de un ascenso en la isla para convertirse en un personaje eterno de Gran Canaria y todo lo que la UD Las Palmas es en el planeta. Esta vez ha estado muy cerca y se mantiene el reto ante su mirada.

 

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