OPINIÓN

“Juan Manuel es mi papi (deportivo)”. La cariñosa frase tiene la firma de un joven Jonathan Viera en 2011 al finalizar su primera temporada como jugador profesional. Había ofrecido un debut reluciente, luego eclipsado su juego como el del equipo antes de que el cese de Jémez diera paso al entrenador grancanario. Estaba el centrocampista en un laberinto personal. Juan Manuel sentó a Viera por primera vez en su carrera, habló con él, sacudió su presión y el futbolista de nuevo reanudó su andar con nuevos valores futbolísticos incorprorados a su innato talento.
Ese mismo entrenador acaba de protagonizar un nuevo servicio a la UD Las Palmas, atendiendo sin condiciones a la llamada del club para otra situación complicada. Y muy amenazante. Es el mismo Juan Manuel que en tres etapas anteriores ha dirigido a la UD Las Palmas, siempre para recomponer un descosido del que fue ajeno. Los encargos al preparador grancanario en la actual etapa de la entidad fueron resueltos con el éxito primario de la salvación, porque en ninguno de los casos fue llamado a escena para administrar una plantilla de clara candidatura, como pudo ser la de la pasada campaña con Luis García Fernández.
Rodríguez se ha convertido en el relojero de la UD Las Palmas. Le entregan la maquinaria atascada, con las piezas sobre la mesa y con la necesidad de ponerla a funcionar. Algo así es lo que ha ocurrido tras el paso de De la Barrera, con los errores tácticos aprovechados por los rivales y los de cálculo en la confección de la plantilla, que son evidentes.
Pero en tres partidos, Rodríguez ha logrado lo más importante: Levantar la mirada de los jugadores con dos resultados con signo positivo, al margen del mal trago de recibir en el estadio al actual tren de alta velocidad de Segunda, el Castellón. Eso era lo prioritario y así se han podido expresar los propios futbolistas, con palabras que desvelan el alivio. Y, además, deja entrever que hay madera en Sergio Viera, en Bassinga o en Acimovic -valores que se suman a levantar la mano-. Conocer todos los rincones del club le genera siempre una ventaja para su cargo. Le cambia la cara también a Ale García o Recoba, que se han visto de nuevo en un césped. Y al mismo Opoku, del que queda mucho por descubrir su auténtico rol en el proyecto.
Regresa a su puesto de combate en Las Palmas Atlético dejando a su relevo, Albert Sánchez, la gestión de un equipo que tiene motivos y argumentos para remontar el vuelo, también con la palabra permanencia como biblia de la temporada.
| Decir que Rodríguez es el entrenador grancanario con mayor número de partidos oficiales en el primer equipo es ya un hecho de notable calado: 128. Aunque sus cargos en competiciones nacionales alcanzan los 350, con dirección también en juvenil (36), Tercera División (44) y Segunda B o RFEF (142). Cada día en cada uno de ellos conlleva una responsabilidad innegociable con el propio escudo. |
El taller de relojería no cierra sus puertas. Antaño, por ejemplo, Roque Olsen cumplió funciones parecidas ante las llamadas de la UD Las Palmas. Sigue avanzando y ahora toca reparar el mecanismo del filial del club, que no es poco, porque los cambios de una temporada a otra (plantilla propia y nivel rivales) están costando resolverlos.



