Hernán: Un dolor verle partir
30/01/2018

Manuel Borrego

Ver partir a Hernán Santana ha supuesto un dolor. Acabó siendo una acto decidido por el propio jugador, pese al intento de renovación del club. No es una salida cualquiera; es la confirmación de que los resultados acaban tragándose todo en su camino si no son óptimos, los que den salud a cualquier proceso deportivo de un club.

El centrocampista sabrá todas las razones que le han llevado a adoptar esta decisión. Su salida, al menos, tiene el consuelo de saberse que no elige cualquier parte: acude a un club con una carga histórica tan profunda o más como la UD Las Palmas. Casi, se podría decir, que buscó un mismo camino que conocía en la la isla: gran afición, acostumbrados a sufrir, creyente en la cantera y con buen gusto futbolístico. En el Sporting, además, será reconocible la garra de la que siempre ha hecho este grancanario nacido casualmente en La Palma.

Si Viera es un icono para muchos canteranos viéndose en él cualidades futbolísticas a imitar, Hernán era un patrón también para los futbolistas de formación del club, por su profesionalidad rigurosa, su entrega a los colores, el compromiso con la entidad e, incluso, su propia formación personal. Era, en realidad, un jugador digno de llevar el brazalete que otros grandes canteranos lo han defendido con dignidad. Esta capitanía, tampoco será posible con su marcha.

De Hernán en seis años de profesional habría mucho que decir. No brilló por su depurada técnica, pero sí por su combate -algo extraño en muchos jugadores formados en la fábrica amarilla-. No dejó jugadas brillantes, ni regates excepcionales, pero sí actuaciones hasta que el bidón de su combustible alcanzó el piloto rojo. Se vació incluso con molestias o lesiones. Y entregó al equipo goles, en su especialidad de cabeza, que pasan al recuerdo de partidos importantes. Uno en un derbi para salvar los muebles y otro en el Bernabéu, en el reencuentro amarillo con la Primera División. ¡Y qué decir del robo y tanto con su socio Roque Mesa frente al Real Zaragoza, con ocho jugadores amarillos en el campo!.

No sabremos aún si Hernán volverá a tener esa oportunidad de volver a vestir algún día la camiseta amarilla de la UD Las Palmas. Echaremos en falta todo ello que hemos mencionado, desde la entrega, pasando por el pundonor y el compromiso; o simplemente haciendo grupo. Le recordaremos dirigiéndose en voz alta a los veteranos cuando él apenas tenía dos partidos con los profesionales, reclamando a todos lo que podría faltar en el campo. El Molinón es su nueva casa, para defender otro escudo emblemático del fútbol español y empezar allí como hizo en su casa, buscando el camino.

Curioso es el destino: el técnico que le dio la oportunidad de debutar con 20 años de edad es el que ahora le ha dicho adiós sin comprobar completamente qué cambió hasta su madurez.

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