La contracrónica

Manuel Borrego
Hay equipos que saben a lo que juegan. También hay conjuntos que saben interpretar a lo que juegan los demás. Y, no sólo eso; son capaces de forzar el estilo adversario para sacar dividendos.
Posiblemente sea la derrota frente al Atlético de Madrid la menos dolorosa desde la llegada de Jémez o, quizá más aún, desde el arribo de Ayestarán como primer entrenador revulsivo, que no lo fue. Es menor el daño porque prácticamente estaba escrito y, como transcurrió el partido, el triunfo rojiblanco era el único destino. Las Palmas, sin ser incisiva en sus constantes acciones, mostró menos peligro que un rival que acabó batiendo a Chichizola con muchas facilidades. Y no contamos palos y ocasiones malogradas.
El Atlético de Simeone es el equipo que no ha perdonado a Las Palmas en seis partidos de Liga desde que llegó a Primera División en 2015. Las seis derrotas tienen mucha firma del entrenador del banco opuesto y las ha protagonizado con distintos procedimientos.
Así volvió a ocurrir este domingo en el estrenado Wanda Metropolitano. Las Palmas fue fiel a sus conceptos, mejorando actitud al menos en materia defensiva: predisposición, anticipación, orden y combate. Pero de nada le valió porque las modificaciones tácticas que el entrenador rojiblanco realizó durante el encuentro incrementaron el riesgo a favor de sus jugadores.
No necesitó el Atlético de Madrid presionar tan arriba como hacía en los primeros minutos. De eso se percató Simeone, comprendiendo tras el descanso que debía dejar de maniobrar más con el balón a los amarillos, cuyo fútbol trenzado no pocas veces acabó enredado. Y desde campo propio logró capturar un filón de pases y lanzar los tres contragolpes (y algunos más) que pusieron el marcador donde la clasificación le da lógica. Los tres goles son ilustración de ello: robo y carreras hasta Chichizola.
Las Palmas hizo, en realidad, lo que el Atlético pretendía. Ser fiel a un estilo no debería ser sinónimo de ir contra el iceberg a pesar del claro riesgo que conlleva. Hasta los gobernantes del Titanic lo comprendieron ... después del hundimiento.
Jémez dijo tras el encuentro que había jugadores que no interpretaban correctamente los momentos del juego o las circunstancias: Regatear cuando debía pasar, exponer el balón cuando podría conservarlo, tirar cuando podría dar un mejor servicio a un compañero, ... y una colección de etcéteras. Sin embargo, también tácticamente se podría analizar esta afirmación.
El Atlético, a nuestro juicio, lo hizo. A Simeone y a sus jugadores no les avergonzó esperar a Las Palmas desde posiciones lejanas como si fueran este domingo el equipo visitante. Conocer virtudes propias, defectos ajenos y sacar máximo rendimiento a unas pocas herramientas le resultaron suficientes.
El único consuelo es que Las Palmas no volverá a ver a un equipo (equipo en todas sus dimensiones) tan camaleónico como el rojiblanco hasta la temporada. Eso es al menos lo que deseamos y esperamos.



