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Una gran ola se aproxima

Por Manuel Borrego

  • ENTRE BASTIDORES
  • 13/01/2018 - 15:44
La alegría de los jugadores del Girona y la imagen de David García, tras uno de los goles del Girona (Girona FC)

Hemos asistido este sábado a un gesto de desesperación extrema. Paco Jémez ha dado el paso más inquietante para un navío en peligrosa travesía: la duda del timonel. De repente, cambia todo el entramado y deja de ser fiel a su sistema y a su estilo, también posiblemente a lo que ha trabajado desde su reciente llegada, para tratar de encontrar una solución a lo que hasta ahora no lo ha tenido.

Y en Montilivi encontró un experimento con gaseosa. El equipo está atenazado, desorientado y desconectado. No es nuevo y se queda corto decir que la situación actual del proyecto UD Las Palmas es alarmante. Su prolongada caída desde marzo de 2017 -el error del consejo de administración estar de brazos cruzados entonces para evitar estos lodos- no parece tener fin. Y lo peor es que no ha tocado fondo, porque todavía queda el tramo más difícil de la campaña por resolver.

Las Palmas lo tiene todo extraviado, no sólo su tranquilidad en la clasificación: fútbol, sensaciones, crédito, calidad individual, ... hasta la unidad con sus aficionados y el criterio que le llevó como club a la Primera División. No ha logrado recuperarlo pese a los intentos realizados. Y desde ahora, deja entrever que tambié malogra el recurso extremo del que se entiende que debe ser el último relevo técnico. Porque después de Jémez no quedan argumentos.

Nada funciona porque lo que se rompió desde la segunda vuelta de la pasada temporada fue precisamente el equipo. Y un equipo en plenitud, como es el Girona de Pablo Machín, ha sido el encargado de demostrar que los nombres no sirven si al lado no existe un compañero codo con codo. Un equipo empieza desde la altura máxima del club hasta el más humilde utillero. Todos juegan, aunque once sean los que aparecen en la foto de cada partido.

Curioso es que el lema que ilustra las paredes de las instalaciones de todo este proyecto, en el Gran Canaria, Anexo o Telde, sea precisamente lo que más se echa en falta en los partidos del final de la pasada Liga y de la actual. Las Palmas está firmando una temporada negra, muy negra, que aún podría arreglar, aunque esas no son las sensaciones actuales.

Detrás del vergonzoso 6-0 de Montilivi puede venir un tsunami. A esa gran ola hay que temer más que a los rivales siguientes.