Contracrónica

Manuel Borrego
No hay más que comprobar las declaraciones posteriores a Anoeta de los jugadores de la UD Las Palmas, las que hicieron en público o en sus cuentas personales, para comprobar el efecto placebo que se ha desencadenado con el punto logrado ante la Real Sociedad.
Ese positivismo interno debe brotar también en el exterior para que consoliden los primeros síntomas de reacción, que aún no es clasificatoria. Ahora, la UD Las Palmas corre en distinta dirección a una de las teorías de su anterior entrenador y próximo titular del banquillo rival, Quique Setién. Decía el técnico cántabro que para él eran más importantes las sensaciones que los resultados y que éstos vendrían como consecuencia de lo primero.
A un colista en estado agónico a nivel anímico -dato que confirma la contratación de un psicólogo- no le consuelan las sensaciones ahora sino los resultados, por pequeño que sea. Porque a través de los puntos, sin duda, puede reaparecer la confianza que se ha extraviado en los últimos nueves meses. Insistimos: esta situación de la UD Las Palmas actual no se genera en 2017-18 sino en el epílogo de la pasada campaña. Y los hábitos, como los incendios descontrolados, son difíciles de extinguir.
Tiene mucho mérito el punto ganado a la Real Sociedad este domingo por el equipo de Paco Ayestarán. Lo tiene por la calidad del rival, con un fútbol ofensivo de gran altura, y porque supo reponerse de un fuerte golpe para equilibrar la tarde e, incluso, poder llevarse el partido si no es por la gran actuación final de Gerónimo Rulli. El meta argentino rehizo el regalo del 2-2, en una jugada donde demostró un exceso de confianza y rompió la ortodoxia de un portero al cabecear un balón que estaba en su control y ponerlo hacia el centro del campo. Allí estaba el astuto Viera para subrayar la mala decisión del meta.
La Real fue finalmente la que salvó un punto aunque, en realidad, fabricó un partido para poner patas arriba al colista. 14 ocasiones, 14 remates aunque 11 fuera de la portería de Lizoaín que vio pasar el peligro muy próximo y que sólo vulneraron esos disparos inapelables de Willian José y el belga Zanuzaj. Porque la realidad es que Las Palmas volvió a ser en Anoeta un equipo frágil, poroso, que dio muchas facilidades ofensivas a la Real y que volvió a encajar en su portería ante un rival que fue realmente indulgente.
Pero el punto viene para Gran Canaria, como un tesoro. Ese punto hay que abrazarlo porque es una inyección de moral, de crédito. El primer paso lo ha entendido el equipo: tener fe, ... aunque sea un espejismo. A veces esa imagen distorsionada acaba siendo el escenario que se buscaba.



