Opinión

El hombre del banquillo paciente
07/11/2018

Manuel Borrego

Desde hace algunos años, bastantes, el banquillo de la UD Las Palmas es posiblemente uno de los que gozan de mejor reputación en el gremio de los técnicos del país. En él se han vitalizado nombres de profesionales que aparecieron desde el paro o desde la necesidad de un repunte en sus carreras. O de prestigiarlas con su labor. Quizá Sergio Lobera y Quique Setién pueden ser los más claros ejemplos, sin necesidad de ahondar en la explicación.

Desde hace unos años, coincidiendo con la etapa actual del consejo de administración, se le quitó aquel sambenito que se le acuñaba como ‘la silla eléctrica' del entrenador de turno. Al tratar de dibujar esta afirmación nos viene a la memoria las imágenes de Mariano García Remón a su llegada a la isla y la posterior de su voluntaria marcha, después de dejar al equipo a las puertas de Primera División. Las preocupaciones de entonces, por el contexto y voracidad de la crítica, le habían llevado a perder casi 20 kilos y no pocas noches de sueño. Y eso que su equipo deleitó con un fútbol notable, 72 goles realizados y 42 en contra, y acabó tercero en la fase regular. No logró el ascenso pero el juicio final lo dictó la afición del Insular obligando a toda la plantilla a dar la vuelta de honor tras caer en la promoción con el Oviedo. Se fueron con la cabeza muy alta.

Hoy, el banquillo de la UD Las Palmas es otra cosa. Está rodeado de serenidad, de buenas palabras, de confianza y de hechos. El mismo Lobera, Paco Herrera y Quique Setién -volvemos a citarles- pudieron comprobarlo en etapas de incertidumbre o caos de resultados deportivos, especialmente la segunda vuelta de hace tres temporadas convertida en la génesis de malos resultados no abortados del último descenso. No se supo rectificar en el ejercicio posterior donde receptores de esa paciencia también lo fueron Paco Ayestarán y Paco Jémez. ¡Qué decir de estas dos etapas!.

Todos gozaron además de libertad para decidir el estilo de juego y la fórmula de los resultados; también nombres de jugadores llegados como refuerzos. Manolo Jiménez está ahora en ese asiento, cubriendo ya un sector de doce partidos donde fútbol y resultados no llenan porque no guardan proporcionalidad a la potente apuesta realizada para el grupo de jugadores que con él se ha generado el proyecto. Y, además, una oleada de contradicciones y afirmaciones que no ayudan al entrenador en su diálogo con los aficionados cuando estos resultados no están siendo los esperados. Los detalles minuciosos de esa travesía quedan de puertas para dentro, más ahora cuando todo se hace prácticamente sin testigos informativos.

En ese ambiente, el equipo ya se introduce de lleno en el mes de noviembre, en una etapa donde se espera ya que la competición comience a aclarar la carrera por el ascenso -al menos candidaturas evidentes- tras las vueltas de reconocimiento. En 9 partidos, que volarán en el calendario, habrá terminado la primera vuelta y no vemos realmente a una empresa como la confeccionada por la UD Las Palmas con una continuidad de tumbos, contradicciones, resultados sin completar e indefinición de juego y fracciones de la formación.

El banquillo paciente es como todos. Hay que alimentarlo de forma prioritaria con resultados. Porque la vista empieza a doler cuando en las seis últimas jornadas, un coloso del grupo sólo ha ganado un partido. Y es la paciencia de otros la que se fortalece.

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