Opinión

Manuel Borrego
La primera consecuencia del resultado que obtuvo la UD Las Palmas en El Molinón ya la conocemos: el Málaga vuelve a estar a cuatro puntos de los amarillos (y otros), porque aprovechó la ocasión para zafarse en el liderato luego de ganar 1-0 al Rayo Majadahonda.
Ese es el daño tangible, el que se aprecia de inmediato en la clasificación. Hay otro daño que están obligados a reparar los hombres de Manolo Jiménez y también el propio técnico. Lo dijo, como quien no quiere la cosa, Juan Cala: "Debemos tener más chance en ataque" ... le faltó añadir "con esta plantilla".
De vez en cuando, aunque en pocas oportunidades hasta ahora, el equipo muestra una cara B que se asocia a falta de chispa, de imaginación en ataque o una pérdida de automatismos ofensivos. El termómetro de todo ello es el propio pichichi, Rubén Castro. Si el isletero firma un partido ausente en el área como ocurrió ante el Sporting, si no logra captar un balón para rematar, si no aparece por sorpresa para los centrales o no genera espacios para otro quiere decir que Las Palmas no ha cerrado correctamente el círculo de su juego. Porque el dominio sin remates y goles tiene argumentos que se diluyen como piedra de hielo en un desierto.
Este, sin embargo, no es problema asignado a Rubén. Porque su función es aparecer en el punto de remate para culminar el trabajo de los diez restantes. Lo demás lo tiene que generar un equipo cuyo fútbol no sea previsible como el que vinos especialmente en la segunda parte ante el Sporting. La derrota tiene también algunos atenuantes, pero lo imputable al juego amarillo se relaciona a combinaciones a veces lentas, sin recursos de bandas profundas. O el estilo al pelotazo que durante algunos minutos se empleó cuando las ideas no estaban ya a ras de suelo.
La pérdida ante el Sporting es la primera en la Liga. Y es un test para comprobar el grado de recuperación que se le presume a este bloque. Jiménez dio muchas claves en su intervención después de un partido que, como isla en el calendario, debe preocupar lo justo. El técnico dijo conocer los errores, los admite y tiene a su disposición el material humano para corregirlos.
Y también debe comprender que cuando Rubén está en el campo en ‘silencio' es el momento de buscar la manera para que le lleguen los mensajes. Si no le vemos tocar sus mofletes ... mal asunto.
El candidato debe serlo, no sólo parecerlo.



