
La UD trata de reconstruir la baja calidad ofensiva del pasado ejercicio con tres distintos estilos: la genialidad imprevisible de Araujo, la ratonería de Rubén y la potencia de Rafa Mir
M.B.
Hablamos en pretemporada siempre en tono teórico: la apuesta más decidida en 2018-19 de la UD Las Palmas, además de la completa renovación de la portería, está siendo la de reconversión de las últimas de ataque, la que han de definir los partidos.
El equipo amarillo viene de amontonar una colección de datos caóticos en su pasada temporada. Y todo se traduce en las dos áreas. No sólo por la abundancia de goles cosechados sino por la baja capacidad de los conseguidos.
Sobre la mesa de trabajo de Manolo Jiménez ya tiene tres nombres en primera plantilla y dos más en observación. Nos centramos en las tres piezas teóricas para el remate, para dar la última pincelada al juego de los amarillos. Vuelve un jugador explosivo e impredecible para el rival como es Sergio Araujo, regresa 14 años después uno de los grandes ratoneros del área en Segunda División como es Rubén Castro y se añade la llegada de un delantero físico y directo en el préstamo de Rafa Mir.
Se conjugan -insistimos, en teoría- en ellos tres todos los conceptos que un técnico querría disponer para un abanico de opciones en los partidos. La genialidad del argentino, la experiencia y olfato en los últimos metros del grancanario y la potencia del futbolista cedido por el Wolwerhampton. Todo lo demás dependerá del momento de inspiración del delantero, de los balones que sea capaz de llevar al área el equipo y, cómo no, del comportamiento de los rivales de una Segunda División que se presenta compacta y muy abierta.
Las Palmas está preparando para su campaña un ataque por tierra, mar y aire, aunque aún queda por saber si finalmente se añaden más delanteros a la nómina del equipo o si Erik Expósito y Edu Espiau, que no están defraudando en la preparación estival, encuentran ese hueco entre los profesionales.
Las Palmas, a finales de julio, un equipo en formación y con mucho trabajo por delante. Al menos la primera impresión es que los conceptos para reparar tantas averías como quedaron en el atroz precedente. El primer dato que Araujo, Rubén Castro y Mir han de romper son esos 24 goles anotados por el equipo hace unos pocos meses. Ese promedio de 0,6 tantos por partido era una ruina, aunque también sólo una porción del problema.



