OPINIÓN

La UD se obliga a soltar presión, rearmar la unidad y localizar su verdadera frontera
Manuel Borrego
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19/10/2026
(C. Torres)

Hay nervios y muchos en este inicio de temporada en la Segunda División. La primera fracción del calendario ya ofrece una muestra más real de la temprana y delicada situación de algunos clubes, que han optado por mover sus banquillos para no mantener la pérdida del ritmo de la competición. En las últimas horas lo han podido comprobar en Leganés -con sus 20,7 millones de límite salarial- o el Cádiz.

 

En el caso de la UD Las Palmas, por el cúmulo de motivos que se pueden argumentar, todo el trabajo desde el primer día de la era De la Barrera se ha ido al garete. La referencia del play off pasado y los 73 puntos de la temporada regular 2025-26 no pueden servir como espejo porque el contexto actual ha cambiado, como también lo ha hecho la seguridad defensiva del equipo, su propia confianza en el juego, la moral de los propios actores, el sentir de los aficionados e, incluso, la percepción que ahora tienen los rivales directos y los indirectos.

 

Haría bien toda la marea UD Las Palmas, la de fuera y la dentro del escenario futbolístico, de localizar la prioridad de los 50 puntos, esa frontera estadística que sirve muchas veces para poner los pies sobre suelo seguro y disolver noches de insomnio y pesares.

 

Es muy complicado emitir una valoración exacta de los por qué cuando el proyecto del equipo profesional está totalmente perforado por bajas tan abundantes como significadas. El cuerpo técnico que encara el ciclo siguiente al gallego De la Barrera tiene una dura labor, como se pudo comprobar el sábado, como es no hacer rendir a una plantilla ahora ‘tocada’, sino para convencer al aficionado el ‘todos juntos somos más fuertes’. Por cierto, una frase que debería subrayarse expresamente a Iván Jaime, con vocación excesiva de solista en los partidos.

 

La de 2026 no es una situación límite, ni la peor que ha vivido en la historia la entidad. Tampoco será la última, ni es la primera en la que se ha visto envuelto el consejo de administración o el propio Juan Manuel Rodríguez. Pero es la que hay que afrontar y todo empieza por ratificar quién puede arreglar el desatino actual: Técnicos, jugadores y aficionados leales. No pueden esperar otra cosa.

 

Los malos tiempos se han de pasarse juntos. Es cierto que queda mucho tiempo, muchos puntos y un mercado invernal para rehacer algunas piezas. No se puede cargar ahora toda la responsabilidad a la cantera, que como siempre dará más de lo que recibe. 

 

Todo empieza ahora contra la Real Sociedad B y debería hacerse como si fuera el comienzo de la Liga. Con una victoria podrá verse de otra forma.

 

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