OBITUARIO

El U. Viera lamenta el adiós de Beti, entrañable asistente del club desde los años setenta
M.B.
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09/07/2026
Cabrera Díaz, a la derecha (C. Torres)

El fútbol de la capital grancanaria despide este jueves a una entrañable figura de este deporte, Juan Francisco Cabrera Díaz, conocido como Beti en el ambiente balompédico de Ciudad Alta. De su desaparición se hace eco el CF Unión Viera, al que Beti estuvo vinculado unos años después de sus orígenes, considerándolo “más que un ayudante y colaborador. Fue un hombre de club, siempre dispuesto a echar una mano, a trabajar en silencio y a contribuir, con su compromiso y cariño, al crecimiento de la familia rojinegra. Su entrega, cercanía y amor por estos colores dejan una huella imborrable en todos los que tuvieron la suerte de compartir camino con él”.

 

Porque la vida de Cabrera Díaz estuvo localizada en el Barranco de la Ballena, en aquellos campos de tierra (más tarde el Alfonso Silva) que durante décadas fueron escenario de formación de distintas generaciones de jugadores de la parte alta de la ciudad. Betis era un entregado a la causa de la cantera, un hombre además de gran memoria futbolística capaz de recitar alineaciones de distintas épocas y clubes. Y a pesar del apodo popular por el que se le conocía, sus cercanos aseguran que sus simpatías juveniles futbolísticas eran las del Athletic Club.

 

Nunca estaba delante de la cámara porque su carácter era la de un hombre humilde, dispuesto a colaborar en cualquiera de las funciones de ayuda a los distintos equipos, incluso como técnicos de los equipos del club. Distintos grupos de jugadores del Unión Viera conocieron a Beti, siempre allí para entregar una prenda o un balón para que se ejercitaran.

 

La Academia José Ojeda también tiene una nota de recuerdo para el amigo desaparecido, mencionando que “el fútbol grancanario despide a una de esas personas que dejan una huella imborrable. Un auténtico hombre de club, que desde la década de los 70 y hasta nuestros días dedicó gran parte de su vida al Unión Viera, convirtiéndose en un referente dentro y fuera del terreno de juego (…) Su sonrisa, su cercanía, sus conversaciones sobre fútbol y su cariño hacia todo aquel que cruzaba las puertas del Alfonso Silva permanecerán para siempre en la memoria de quienes tuvieron la suerte de conocerle. Las leyendas nunca se marchan del todo; permanecen vivas en el recuerdo, en los valores que transmitieron y en el corazón de su gente”, concluye.

 

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