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Opinión

  • José Antonio Ruiz Caballero estaba enamorado del deporte y del fútbol, en concreto, desde los albores de su vida en Arucas, su ciudad natal, donde dio sus primeros pasos antes de dar el salto a la Universidad para estudiar medicina. Supo compaginar los estudios universitarios con el fútbol, que ocupó la mayoría de las parcelas, desde vestirse de corto en el terreno de juego, en el banquillo como preparador físico o como primer entrenador. Esas experiencias que le catapultarían a la Escuela de Entrenadores donde se ocupo durante muchos años de la formación de técnicos para nuestro fútbol canario, culminando su trayectoria como vicepresidente de la Federación Inferinsular, cargo que ocupaba en la actualidad.

    José Antonio fue un hombre que tenía siempre las puertas abiertas. Raro era encontrar un 'no' por respuesta, buscando siempre soluciones o guiándote para encauzarte por el camino correcto. Recuerdo cuando presidíamos la Asociación de la Prensa Deportiva de Las Palmas, cómo desde el Cabildo, donde el ocupaba el cargo de consejero de deportes en la etapa presidencial de Carmelo Artiles, nos animó a organizar la Gala del Deporte de la provincia. En aquel evento donde los mejores deportistas fueron Josele Doreste, Cristina Pérez y Loreto IV, se hizo el gran homenaje a Alfonso Silva, incluida las dos actuaciones de los Harlem Globetrotters en el Centro Insular de Deportes. Fue un día inolvidadable y la gala fue un éxito, con mucho mérito aportado del propio Ruiz Caballero.

    Desde el banquillo o desde el despacho, la mano tendida de José Antonio siempre estaba ahí. Por eso su marcha nos duele. Sabemos que aquí estamos de paso. Pero es que a José Antonio lo vimos hace muy poco, en las Navidades, y estaba como siempre, desbordando cariño, amabilidad y sobre todo, mucha caballerosidad. Una muerte que entristece a muchos, gente de nuestro deporte que le van a echar mucho de menos. Descansa en paz amigo.

     

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