
Si en tiempos de Félix Marrero los futbolistas hubiesen sido controlados por GPS, el suyo habría entrado en colapso. Fue el pulmón de la UD Las Palmas en los años 70 y también en los ochenta. En cada partido corría por dos y, como recordaba Miguel Brindisi, era capaz de ceder sus cualidades futbolísticas para que otros brillaran. Félix aún hoy se relaciona bien con el balón, pero ya no con botas de tacos.



