10 de abril de 1994

El desmonte de una mentira 30 años después
10/04/2024

La afición de la UD Las Palmas llenó las gradas del Insular en apoyo al CD Tenerife en su destierro, aunque la versión que ha crecido oculta la realidad de una tarde donde solo hubo solidaridad entre canarios

Manuel Borrego

 

Este miércoles 10 de abril de 2024 se cumplen tres décadas de un acontecimiento que ha echado raíces en el tiempo sembrado por una colección de inexactitudes o mentiras, injustas versiones que parecen tener un fin disuasorio en la relación que existió aquel día entre las aficiones de la UD Las Palmas y del CD Tenerife.

 

Fue aquella una fecha marcada porque el CD Tenerife, de la mano técnica de Jorge Valdano, debió jugar en Gran Canaria un encuentro de destierro por sanción federativa. Actuaban entonces los blanquiazules en Primera División, con notable éxito, mientras la UD Las Palmas respondía a su estrategia de salir del laberinto de la Segunda División B.

 

Lejos de las versiones actuales que hablan de una indiferencia o falta de apoyo de los aficionados de la UD Las Palmas con el equipo blanquiazul, lo cierto es que aquella calurosa tarde primaveral se convirtió en un ejemplo de solidaridad isleña, de respaldo grancanario a la causa del CD Tenerife. Aunque el desenlace fue finalmente a favor de un Real Valladolid con mejor fútbol y resultado (0-2).

 

Todo comenzó días antes del partido cuando el presidente tinerfeño, Javier Pérez, viajó hasta Las Palmas de Gran Canaria para convocar a los medios informativos y solicitar el aliento de los aficionados amarillos. La UD Las Palmas, a través de su presidente Luis Sicilia García, agasajó con sus dirigentes a la distinguida delegación tinerfeña. Y ambos consejos de administración divulgaron juntos en el Hotel Santa Catalina esa propuesta para que las gradas del Estadio Insular no estuvieran vacías o desaliñadas el día de autos.

 

El mensaje del CD Tenerife caló en la afición grancanaria. Javier Pérez había recordado que “nuestra tierra es la más fraccionada del país; fraccionada por el mar”. Pidió “estar juntos en estos momentos”, después de considerar que “una vez más los canarios hemos sido injustamente tratados por los dirigentes del fútbol nacional”. “Algunos me dicen que ése es el alto coste de la insularidad, pero yo le llamo godismo”, apuntó el presidente blanquiazul. “A veces creo que en la Península quieren que juguemos en África”, llegó a afirmar con rotundidad.

El CD Tenerife se veía en la obligación de jugar su partido de clausura al menos a cien kilómetros de distancia del Heliodoro Rodríguez López. Y el viejo Estadio Insular, ausente entonces durante seis temporadas de partidos de Primera División, era el escenario donde se producía el encuentro “de la gente de nuestra tierra”.

 

Pérez advirtió que aquella sanción le costaría al equipo blanquiazul unas pérdidas de 15 millones de las antiguas pesetas (finalmente la recaudación ascendería a 14,6 millones de pesetas). El exilio del CD Tenerife era un reto para la afición de la UD Las Palmas. Y el día del acontecimiento, los grancanarios respondieron con absoluta entrega a animar al equipo de Valdano en un partido importante para ambos clubes. En el caso del equipo insular, se jugaba opciones para disputar Copa de la UEFA en la siguiente temporada.

 

Antonio Lemus, que fuera jefe de deportes de La Provincia y columnista en aquellas fechas, dio la bienvenida a la delegación en su Cada Día de la época calificando el hecho como “un exilio forzoso, pero fraternal”. Estaba convencido de lo que iba a suceder: el CD Tenerife iba sentirse en casa.

 

En el partido se registró lleno hasta la bandera, con un altísimo porcentaje de aficionados locales uniéndose en el aliento junto a una amplia expedición de hinchas tinerfeños. Ambas aficiones se mezclaron en las gradas, sin registrarse incidente alguno.

 

El apoyo al equipo de Valdano fue palpable, pero a medida que avanzaban los minutos el fútbol del Valladolid se fue imponiendo para acabar con victoria tras los tantos de Iván Rocha y Alberto. Aquella tarde hubo ovación también para un jugador visitante en el momento de su relevo: José Emilio Amavisca, el joven extremo del Valladolid cuyo fútbol había deslumbrado … y ya iba camino del Real Madrid.

La leyenda pervertida traiciona los acontecimientos reales. Así se refleja en las valoraciones pospartido de algunos protagonistas:

 

El grancanario Manolo López, portero de la plantilla blanquiazul, destacó tras el partido que “la afición ha estado maravillosa y no hemos sabido corresponderle” (…) “Antes de empezar el partido me entraron hasta escalofríos de ver cómo estaba el ambiente. Fue maravilloso ver el campo lleno, como en los viejos tiempos. Cuando corearon mi nombre me quedé helado”.

 

El técnico argentino Jorge Valdano no puso excusas a la derrota y valoró lo siguiente sobre el ambiente en el graderío: "La actitud del público fue irreprochable salvo un pequeño sector, pero me pareció minoritario. Ahora bien, por nuestra parte no hemos sabido contagiar buenas sensaciones a los aficionados. Así y todo, nos hemos sentido en casa amiga, aunque no en nuestra casa, y algún tipo de influencia tendrá eso, pero no de una forma determinante”.

 

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