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Episodio 1

La formación de un equipo con mayúsculas

Tinta Amarilla ofrece un serial del mes mágico que desembocó en el ascenso de 1996, un cuarto de siglo atrás del resurgiendo de una pasión por la UD Las Palmas

  • 25 AÑOS DE UN AVE FÉNIX
  • 25/05/2021 - 10:12
La formación de un equipo con mayúsculas La foto oficial de la temporada 1995-96, con el presidente Adrián Déniz y el cuerpo técnico encabezado por Pacuco Rosales a la cabeza (TA)

 

El equipo de redacción de Tinta Amarilla pone en marcha un serial informativo para conmemorar el 25 aniversario del ascenso de 1996, la liguilla dirigida por Pacuco Rosales en el rescate de la UD Las Palmas desde las profundidades de la Segunda B. Fueron años muy duros y aquella mini competición, que partió el 26 de mayo en Tarragona, acabó con una de las mayores celebraciones que ha generado el club grancanario tras la victoria sobre el Elche en el Martínez Valero. Decenas de miles de grancanarios celebraron aquella noche sanjuanera la anhelada conquista de los amarillos.


Un cuarto de Siglo atrás el representativo grancanario vivió días delicados, pero aquella plantilla hizo resurgir no sólo a la entidad sino un sentimiento pasional que parecía aletargado.

 

Manuel Borrego


En el periodo comprendido entre 1992 y 1996 se localiza la más dura travesía de la UD Las Palmas lejos de la élite del fútbol español. Cuatro temporadas en Segunda B y una colección de sinsabores deportivos. El club se reinventaba año a año, con la apuesta de excelentes jugadores de cantera y contadas ayudas exteriores para salir de un pozo lleno de barro y obstáculos.


La Copa de la campaña 1994-95, tras la hazaña en el Heliodoro, ya había hecho germinar puentes hacia la esperanza y la reconciliación con la afición. Pero fue en el ejercicio siguiente, con Pacuco Rosales al mando de aquella nave, cuando la UD Las Palmas estableció por fin su ruta para volver a la Liga Profesional.


El técnico venía de firmar los mejores años en el historial del CD Mensajero, acariciando allí la posibilidad de acceder a la Segunda División A. Se comprometió con el proyecto grancanario y con la esperanza de construir primero una plantilla que diera garantías de éxito tanto en la fase inicial como en la peligrosa posterior liguilla. Quizá ni el propio Pacuco y sus asistentes, empezando por Juan Manuel Rodríguez, habían previsto al principio que conformarían un equipo en mayúsculas.


La formación de aquel grupo de jugadores tuvo diversos orígenes. Se mantenían futbolistas de la casa que habían hecho todo el trayecto de Segunda B incluso tras el descenso de 1991. Víctor Afonso, José Luis Padrón, Orlando Suárez y Juan Carlos Socorro conocieron desde dentro aquel duro golpe, pero siguieron comprometidos con la causa.


Paquito Ortiz se había incorporado a la entidad siendo el primer fichaje en 1992 de la era SAD, al igual que Miguel Angel Valerón unos días después. Habrían brotado con fuerza otros canteranos en ese cuatrienio como Santi Lampón, Guillermo Castro, David Martín, Pedro Cruz, Dani García o Marcelino Díaz.

 

Y también importantes refuerzos que había llegado de forma escalonada. De la etapa de Iñaki Sáez en la secretaría técnica, los ‘canarios' del País Vasco siguieron en el bloque: Juan Eleder y Axier Inchaurraga. Manolo López regresó al club en 1994-95 después de un quinquenio de éxitos en el CD Tenerife. Y Eduardo Ramos se enroló en el proyecto tras demostrar en el Realejos que todavía tenía mucho fútbol que exhibir en un equipo histórico como era la UD.


En el grupo se mantenía el onubense Vicente Fuensalida, aún recuperándose de la grave lesión sufrida en Pasarón con la UD Las Palmas. El club tuvo paciencia con él aunque no había precisión sobre su posible retorno a la competición.


Las bases del bloque estaban establecidas: experiencia, compromiso, calidad y pundonor. Pero había que completar el grupo con refuerzos que estuvieran a la altura de la exigencia y a la par de la capacidad limitada de la economía que el club manejaba en aquel momento.

 

Los refuerzos

De todo ello se encargó la comisión deportiva con la labor del secretario técnico, Pepe de la Rosa. Las Palmas no buscó nombres en el mercado de Segunda B. Y logró piezas que primero fueron complementarias y, luego, determinantes.

 

Del Levante llegaron dos delanteros. Primero, Julio Engonga, y más tarde, Eloy Jiménez. Sería este último el futbolista que se abriera un hueco definitivo en el once con sus goles y aportación ofensiva. Engonga no pasó el primer corte de la temporada, como también el centrocampista coruñés Alberto Bodelón.


En la portería, Las Palmas optó por un experimentado rival de Manolo en la figura de Santi Calvo. El Gato estaba en gran momento y sus reservas apretaban.

 

Para la defensa, el equipo contrató a dos centrales de garantías con los que añadir fortaleza: el avilesino Javi Espejo y el tinerfeño Toni González. Más tarde añadiría al lateral vasco Luis Garmendia.


En el centro del campo hubo un primer problema, porque Edu García decidió causar baja en la jornada 18ª del campeonato, optando en el transcurso de la competición Las Palmas la incorporación del españolista Jaume García.


Pero quizá en estas posiciones de organización el jugador que más calado tuvo en el equipo fue Angel Rodríguez, al que Pacuco conocía profundamente tras su paso por el CD Mensajero. Angel -más tarde partícipe del ascenso como auxiliar de Paco Herrera en 2015- puso orden, combatividad, músculo e, incluso, goles a balón parado.


Y cuando parecía que el equipo estaba conformado por dos piezas por puesto, la UD Las Palmas contrató a un delantero explosivo que no tenía hueco en el Racing de Santander: Chilli Allende. No quedaba cabo suelto.


Asomaban jugadores desde el filial, como Juan Carlos Valerón, que tuvo una amplia participación (27 encuentros) durante la fase regular. El equipo navegó con rumbo firme hacia la liguilla de ascenso de mayo y junio, a veces con algún contratiempo en el grupo I. Las dudas se resolvieron a tiempo antes de la promoción cuando Las Palmas se aseguró el primer puesto del grupo I: 23 victorias, 8 empates y 7 derrotas, con 80 goles a favor y solo 22 en contra.

 

Quedaba la selectividad, la liguilla. Y todo iba a empezar el 26 de mayo de 1996 en el estadio del Gimnastic de Tarragona. Ahí las dudas se disiparon de un zarpazo.


"De haber mantenido el mismo equipo, un año después habría luchado por el ascenso a Primera. Aquel era un equipo con mayúsculas" llegó a confesar en sus reflexiones posteriores el propio Pacuco Rosales.

 

Todo encajaba, todo gustaba, todo se alineaba para enlazar a la renacida afición con el equipo. Hasta las pintaderas del uniforme oficial hicieron época.

 

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