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CN Ciudad Alta: la añoranza de un pequeño gigante

El deporte grancanario asiste con resignación a la disolución del segundo intento de supervivencia de un club que ha ofrecido un servicio social impagable durante cinco décadas

  • NATACIÓN
  • 25/01/2021 - 21:09
CN Ciudad Alta: la añoranza de un pequeño gigante Un grupo numeroso de los nadadores del Ciudad Alta, en las gradas del club, a finales de los setenta (CNCA)

Manuel Borrego

 

De esta manera rezaba una publicación de 1971: "El Club Natación Ciudad Alta está empeñado en una obra deportiva que lleva el camino cierto de realizarse (...) Consta de piscina olímpica de 50 metros, una piscina de 25 metros, un local social con gimnasio, biblioteca, sala de baile y restaurante (...) Para llevar a cabo este proyecto, no por ambicioso menos realizable, se ha propuesto conseguir 1.500 socios propietarios, que aporten durante dos años mensualidades de doscientas pesetas. De esa manera se espera poder recaudar lo suficiente para cubrir el presupuesto de la obra. Una idea con éxito es que, apenas puesto en práctica el proyecto, los habitantes de Ciudad Alta han cubierto ya un total de 500 inscripciones. La unión hace la fuerza".


En apenas cuatro años desde la puesta en marcha de la piscina 29 de Abril, aquel proyecto de natación se había metido tan de lleno entre los habitantes del barrio obrero de la capital que se hicieron planes para una expansión. Pero nunca se llevó a efecto. Cinco décadas después la pileta fundacional, con sus reformas o mejoras, sigue en la misma ubicación cubriendo una función social aunque el club original ya no existe. Y en estos días, la natación canaria está siendo testigo de la desaparición de su heredero, CDN Schamman, consumido por deudas con la Seguridad Social. El Instituto Municipal de Deportes promete consolidar la actividad deportiva que se realiza en las instalaciones ... aunque ya nunca será lo mismo porque algo se ha perdido definitivamente en el camino. El Ciudad Alta desapareció hace casi un lustro, trató de sobrevivir con nueva denominación, pero en época de pandemia se cierra su ciclo.


Sin embargo no se borran sus huellas. Siempre seguirá siendo en los corazones de los grancanarios el Ciudad Alta, ese pequeño gigante que cumplió un cometido social impagable de aprendizaje de la natación, de generosidad y vocación de servicio. El aroma a cloro que vertía en la Calle Mariucha, junto al Colegio 29 de Abril, sigue instalado en la memoria de miles de usuarios, aunque no pudo mantener el altísimo nivel de progresión de los primeros años.


Porque desde finales de los sesenta y durante todo el decenio de los setenta del pasado siglo, el Ciudad Alta no daba toda la cobertura que una joven barriada demandaba. Ni siquiera en invierno, sin calefactor y al descubierto, con entrenamientos seccionados por edades y niveles que comenzaban desde primeras horas de la tarde hasta alcanzar casi la media noche. La piscina no paraba su actividad salvo para el protocolo de depuración del agua.


Era fácil distinguir a aquellos jóvenes nadadores, que se entusiasmaron con las hazañas de Mark Spitz en los JJOO de Munich. Casi una tropa de varias centenas de deportistas federados, de distintos tamaños, acudían a los entrenamientos y competiciones con sus bolsas impermeables Adidas de plástico y el bañador Speedo de barras y estrellas que puso de móda el ídolo de la época y la gloriosa selección de Estados Unidos. El pelo teñido en verde cobrizo, por los efectos del cloro, delataba a los nadadores del barrio. O los ojos enrojecidos por el contacto con un líquido que todos los días eliminaba los bichitos con los productos de su depuradora.


José Ojeda fue el entrenador que puso en marcha todo aquello, unido a su entonces ayudante, José Maroto. En nada, el Ciudad Alta se colocó a la estela en las competiciones de los poderosos CN Metropole y UD Las Palmas (más tarde CN Las Palmas). Se había convertido en la tercera fuerza de Gran Canaria y la quinta de Canarias, emitiendo su primer campeón de España con el bracista Terito Rodríguez. ¡Menuda fiesta en su recibimiento para mostrar una medalla que fue tesoro para aquellas generaciones de deportistas!.


Fue la primera gran hazaña del modesto club de la parte alta de Las Palmas de Gran Canaria. En silencio, tratando de poder complacer a todos. Sus cursillos de natación, con una población donde no era extraño en los hogares la ‘familia numerosa' (cuatro hijos al menos), resultaban absolutamente exitosos. Dede entonces, con el apoyo municipal en las campañas denominadas 'Verano y Deporte'. El club se bastaba para abarrotar las gradas de su piscina con jóvenes aprendices, desde los más pequeños hasta personas adultas. Porque había sitio para todos. Todo en seis calles, 25 metros y unas discretas dependencias internas. Entrenamientos en hilera, por la derecha del carril. Más tráfico en la piscina que en la Avenida Marítima. Pero la ilusión vencía.


La cosecha de éxitos siguió, con técnicos que dejaron huella y también fieles monitores colaboradores: a Ojeda siguieron Juan José Foncuberta, Antonio Concepción, el propio Maroto, Nicolás Santana, Sergio Cabrera, Agustín Artiles ... Y nadadores de distintas generaciones que, emergiendo del Ciudad Alta realizaron un servicio al deporte grancanario con logros relevantes como Adrián Curbelo, Javier Rodríguez, Saúl y Simón Santana, Rosana Voltes, el propio Agustín Artiles, Colacho Santana, Isabel Verona, Gabriel de León, Juan Manuel Araujo (a las puertas de unos Juegos como pentatleta) ... encabezando una auténtica colección interminable en 50 años de actividad competitiva.


Vinieron años difíciles, llegaron también las reformas (la de la cubierta de la instalación fue un gran alivio para todos los usuarios), se crearon nuevas secciones con éxitos relevantes como waterpolo y los componentes del equipo Másters.


Pero nunca más se supo de aquel primer impulso, con tan ambicioso proyecto como el de 1971. Las Chumberas, Escaleritas, Schamman, Las Rehoyas, Altavista, ... fueron barriadas que también cambiaron su tejido social. Y el gusto por la natación también decayó al menos de la manera original del club; un deporte tan sacrificado. Llegó a tener el Ciudad Alta más de 500 socios en sus mejores etapas. Pero aquellos tiempos, por desgracia, ya no volverán.