Publicidad
Publicidad

25 años de una oleada vasca en la UD

Dos técnicos y cuatro futbolistas se acoplaban en el verano de 1994 a un proyecto amarillo que trataba de abandonar la Segunda División B

  • SABÍAS QUE ...
  • 14/07/2019 - 07:16
Una formación de la UD con los cuatro vascos: Socorro, David, Xabier, Eduardo Ramos, Manolo y Edu García; Paquito, Eleder, Robaina, Axier y Sarriugarte (NR)

Manuel Borrego


Hace 25 años, un cuarto de siglo atrás, la UD Las Palmas vivió un verano muy especial. Estaba inmersa en su tercera temporada consecutiva dentro de la Segunda División B y, bajo la presidencia de Luis Sicilia García, en aquel momento se optó por una solución que nunca antes o después iba a reproducirse: el fútbol canario se mezcló con el estilo vasco que proponía desde la secretaría técnica del club Iñaki Sáez.


En el verano de 1994 el club amarillo iba a dar un giro importante, no radical, en su plantilla. Sáez precisamente venía de dirigir al conjunto grancanario durante la campaña anterior obteniendo conclusiones sobre el estilo en relación a la dureza ya comprendida de la Segunda B. No lograr el ascenso fue materia de aprendizaje y, en aquel momento, el club adoptó la decisión de elevar al despacho a un técnico que más tarde iba a cosechar una colección de éxitos en los distintos banquillos de la RFEF.


Sáez se fijó en el fútbol de su tierra. Contrató como entrenador a Marco Antonio Boronat, el ex jugador de la Real Sociedad que había tenido experiencia en el fútbol británico por su vinculación personal con John Benjamin Toshack. Y el resto de las decisiones pasaron por conjugar los futbolistas canarios con un cuarteto de jugadores vascos que iban a complementar con sus características el fútbol de los amarillos. Todos ellos de la provincia de Vizcaya, por cierto.


El primero en llegar fue un centrocampista de corte defensivo, polivalente central o pivote, que ya estaba en el club como fichaje avanzadilla en la campaña 93-94. Era Xabier Ramos, que procedía del lunes aunque antes había realizado sus labores deportivas en el Sestao.


Xabier caló pronto entre sus compañeros y aficionados grancanarios por su sencilla y espíritu colaborador. Era un jugador sencillo, dispuesto siempre al sacrificio en cada una de las facetas que se le solicitaba.


Ya en aquel verano del 94 llegaron otros dos jugadores sin nombre que iban a ganarse el corazón de la grada del Insular:


Juan Eleder
procedía de la SD Eibar, a la que había defendido en Segunda División. Zurdo o diestro, pivote, lateral o stopper. Eleder nunca fallaba: en el juego aéreo, en el robo, en los marcajes, ...

 

Y junto a su fiel Axier Inchaurraga, que llegó con paso previo por el Sestao, logró un año después disfrutar del retorno a la Segunda División A de la mano de Pacuco Rosales. Axier fue un complemento perfecto con un rostro deportivo polifacético en todas las posiciones de retaguardia y contención.


Esos jugadores iban a aportar a la UD Las Palmas de entonces la dosis de trabajo y contundencia que los técnicos habían detectado en el apéndice de las carencias.

 

El cuarto futbolista de origen vasco era un jugador contrastado por sus temporadas en el Athletic Club y en Real Oviedo, dentro de la Primera División. A Félix Sarriugarte no le importó entonces descender dos escalones para ayudar en el ataque a jugadores como Robaina, Orlando y Socorro, que componían el triángulo estilístico local.


Esa primera oleada vasca no consiguió el objetivo a corto plazo. Ni siquiera Boronat superó el primer tercio de la Liga. Pero comenzó a dejar una semilla, con frutos posteriores. Porque de lo que Axier, Xabier, Eleder y Sarriugarte entregaron a la UD no todo cayó en vacío.


25 años después se les recuerda con afecto porque vinieron para entregar lo que tenían: su profesionalidad exquisita.