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El radar de la Liga 2018-19 (y 6)

Tres técnicos y el mismo contexto de dudas

  • CENTRAL DE DATOS
  • 14/06/2019 - 19:35
Paco Herrera, Pepe Mel y Manolo Jiménez (C. Torres)

Manuel Borrego


Manolo Jiménez no aprovechó el aire diferente y el impulso del que sale con fuerza tras la renovación que había realizado en su plantilla la UD Las Palmas. Paco Herrera malogró el efecto revulsivo de un entrenador que había logrado el último ascenso a Primera. Y Pepe Mel empezó a dar con la tecla en el tramo final, tras no poder evitar la deriva en la que se encontraba un equipo contrarreloj.


De nuevo, la UD Las Palmas contrató a tres entrenadores a lo largo de una temporada. Y esta vez, las etapas se dividieron en fases de 14 partidos respectivamente. Sin embargo, ninguno pudo encontrar las claves para mantener al equipo en las posiciones para las que teóricamente se había confeccionado.


Manolo Jiménez fue perdiendo gas a medida que avanzaban las jornadas. Sumó 22 puntos, por momentos Las Palmas fue primero, pero el mensaje del técnico no acababa de llenar. Y dedicó mucho tiempo quizá a hablar de la posesión y de la efectividad en Segunda División cuando la impresión en el campo es que al equipo increíblemente se le notaban carencias.


Una victoria en su último parcial de ocho partidos, añadiendo la eliminación de Copa a manos del Rayo Majadahonda, acabaron por agotar su crédito en el exterior. Porque por dentro ya tenía bastantes debates.


Su salida provocó la venida de un entrenador que había sido talismán en años atrás. Ya, para entonces, varios jugadores estaban encaminándose a nuevos destinos con especial incidencia en los casos de Christian Rivera, Tana Domínguez y Hadi Sacko; más tarde lo haría Mantovani. Dos organizadores y un extremo veloz que salieron del proyecto como botón de muestra de que el grupo no estaba compacto.


Los primeros partidos marcaron el devenir de la etapa de Herrera, con derrotas contundentes en las salidas Cádiz, Lugo y Córdoba (4-1, 4-2 y 4-1). Y, por el camino, la UD Las Palmas ya perdía la estela de los equipos que iban camino de la pelea por las plazas directas y de promoción.


Herrera fue el primero en emitir el mensaje de que al equipo le faltaba chispa y velocidad por las bandas, aunque no hacía reparos en el resto del grupo. Quería llegar a la mente del jugador, pero el equipo se atenazó y "no juegan como entrenan" decía.


El 1-1 frente al Extremadura en el Estadio de Gran Canaria fue el detonante de su destitución, en un partido de absoluta desconexión.


Herrera ganó en su etapa 16 puntos, contando en ellos el del partido de vuelta contra el excluido Reus.


Pepe Mel llegó para catorce partidos y su puesta en escena fue magnífica, al menos por marcador: 0-1 en Riazor. Pero finalmente no mejoró el rendimiento de su antecesor, con otros 16 puntos para completar los insuficientes 54 finales.


Tres derrotas consecutivas como local frente a Mallorca, Elche y Cádiz (1-2, 0-1 y 0-3) establecieron los parámetros de lo que iba a producirse en el resto del campeonato.


Los intentos de Mel fenecieron con el 4-2 de Albacete, etapa tras la que abrió un nuevo ciclo para evitar cualquier castigo extra en la clasificación y comenzar una nueva etapa para la plantilla con la renovación de efectivos procedentes del filial.


Tres entrenadores, pero al final las mismas sensación de un trabajo incompleto o mal realizado.