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Opinión

El fracaso de un grupo que no hace equipo

  • EL OTRO PARTIDO
  • 15/04/2019 - 11:46
Mel, tras el primer gol del Cádiz, este domingo (C. Torres)

Manuel Borrego


Una cosa es gozar de una correcta relación interna, incluso sentirse muy colegas, y otra ser un equipo de fútbol unido tras una causa. Una cosa es prepararse, acudir a recibir instrucciones o al centro de trabajo; otra distinta es ir todos a una y en una sola dirección, por una razón única.


Los episodios de esta temporada, enlazados a la campaña y media anterior, están mostrando en realidad el fracaso como grupo de ese colectivo de jugadores que no han logrado hacer el equipo de ensueño. Esa es la palabra mágica que no encuentra el consejo de administración de la UD Las Palmas por más esfuerzos que realice: el equipo. Porque ya no es uno, dos, tres o hasta siete técnicos. Hay algo más profundo que Pepe Mel insinuó como quien no quiere la cosa nada más terminar el partido frente al Cádiz: "Este equipo tiene un defecto, un mal que no viene de ahora, que viene de tiempo atrás. Esa es la lectura que debe hacer el club" para planificar el futuro que vendrá tras el 30 de junio. Añadió que no sabía si a él le correspondía participar en esas reflexiones y decisiones.


Y ahí quedó ese mensaje, en pleno deterioro clasificatorio que cambia por completo las miradas. Esas palabras se unen a las conclusiones del presidente de la entidad, que ha confesado haber errado en la elección de los jugadores "sin el hambre" que demanda un proyecto como el que se han dibujado en las dos últimas campañas y media.


Este lunes la UD Las Palmas no tiene que buscar dónde están Málaga, Deportivo, Albacete o el mismo Cádiz. Ha de obligarse a controlar al Extremadura, que ahora mismo se sitúa en el check point del infierno tratando de que alguien le sustituya.


En el partido después del minuto 90, Pepe Mel ha señalado o ha quitado por primera vez la tapa de algún serio problema y lo ha definido como un mal. Eso que impide que un grupo de teóricos excelentes y experimentados jugadores acaben por formar el equipo que sea capaz de lograr los resultados y objetivos. Aún así, el daño está hecho porque cada día es un trozo más de ilusión rota.


Y no da la impresión el técnico que esté hablando del balón o del estilo de juego, de la posesión, fútbol directo y el esquema de pizarra. Todo ello lo ha tenido que cambiar en apenas seis días de Liga porque el grupo no responde. Da la impresión de que discurre sobre el por qué Las Palmas no es constante o se deshace como conjunto al primer golpe en la mandíbula. En el fútbol profesional es tan importante que todos los detalles estén perfectamente trabajados, coordinados y asimilados, para que las respuestas ante la adversidad pueden hacerse en conjunto, como equipo. Es la prueba de que lo colectivo no acaba de encajar.  Y en eso esta UD no da la talla, se diluye.


Todo ello ocurre cuando Rocco Maiorino toma notas, de manera abundante, sobre lo que ha enfermado a este grupo de jugadores. El nuevo director deportivo debe descubrir hasta el fondo del caldero qué es lo que está diciendo Pepe Mel y no estaría de más que encontrara la opinión de sus antecesores, en la búsqueda de la verdad más certera. Porque la absoluta, no existe en un mundo con tanta subjetividad influyente. Hará bien en llamar a las cosas por su nombre, empezando por este fracaso de una plantilla que agota sus días.


Aunque introducir a todos en el mismo saco es en sí una dolorosa injusticia.