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Martín Marrero

"Heredé el 2 de Aparicio; también su corazón y el amor a la UD"

  • AMARILLOS DE SIEMPRE
  • 04/04/2019 - 12:00
Ernesto Aparicio y Martín Marrero, el maestro y el alumno incipiente en aquella UD Las Palmas de los años sesenta (C. Torres)

M.B.


A Martín Marrero le tocó una de las papeletas más complicadas como futbolista recién llegado a la UD Las Palmas, procedente del CD Tenerife. Primero fue Juan Ochoa el que le puso en el terreno de juego cubriendo varias parcelas. Pero ya con Molowny el que sería más tarde lateral derecho internacional tuvo un periodo de transición para cubrir el relevo generacional en la banda derecha amarilla.


Martín, que reside en su Tenerife natal, estaba especialmente emocionado este jueves al conocer la noticia de la desaparición de aquel futbolista que le marcó cuando era muy joven y que cubrió con notables prestaciones en la UD Las Palmas.


"Heredé el 2 de Aparicio; pero también su corazón, su compromiso y su amor a la UD Las Palmas. Es difícil explicar lo que aquel hombre supuso para todos nosotros como capitán y compañero", explica a los lectores de Tintaamarilla. "Pero Aparicio representó mucho de lo que nosotros conocidos en aquella etapa tan brillante del club".


Recuerda Martín que tenía tanta consideración Luis Molowny hacia la labor de Ernesto Aparicio que "durante una temporada yo jugué como lateral izquierdo y él seguía por la derecha. Pero más tarde me tocó asumir el número dos. Pero con Aparicio en el banquillo, incluso cuando ejerció como masajista, Las Palmas jugaba sus partidos con doce futbolistas". Y ello porque "desde el primer día que llegué al club, con los Germán, Tonono, Paco, Guedes, León y demás, Aparicio nos hacía saber qué era la Unión Deportiva. "Esto es nuestro; esto no nos lo pueden quitar", nos decía. Con aquella voz en el campo animando, ordenado y dirigiendo a los compañeros, Las Palmas se hizo más fuerte. Ese era Aparicio, un capitán en mayúsculas".


El otro lado de Ernesto también lo expone Martín Marrero. "Como persona, compañero y amigo fue un ser excepcional. Se me hace difícil hablar de él porque me emociono. Tenía un corazón tan grande que no le cabía en el pecho. Era una persona de pocas palabras, pero sabía decirlas a su manera y los más jóvenes lo agradecíamos. Aparicio fue uno de esos deportistas que hizo muchas cosas por el club. Ayudó a los que llegábamos de fuera a sentirnos en casa, a que la UD Las Palmas representaba la canariedad en la época de nuestros fútbol. Se nos fue un gran capitán y un gran amigo".