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Opinión

Montonera en Riazor y en todas partes

  • EL OTRO PARTIDO
  • 11/03/2019 - 12:48
Aythami, abrazado a Nauzet Pérez y Deivid (La Liga)

Manuel Borrego

 

El episodio de la victoria de Riazor, segunda de esta temporada lejos del Estadio de Gran Canaria, lleva en sus entrañas la firma de un guionista de la serie Enredo. No pudo elegir mejor los elementos de la trama en el momento determinante del encuentro. Pero más allá del quién, del cómo, del cuándo, del dónde y del por qué la imagen que simboliza todo ello se produjo segundos después de que Aythami golpeara el baló con el tobillo o con la uña de esa tan rara forma que resultó sorprendentemente eficiente. Una montonera amarilla (verde) se fraguó muy cerca del banquillo visitante, participando en ella actores presentes en la batalla ganada al Deportivo de La Coruña.


Y, más tarde, esas caras felices se trasladaron al vestuario donde todos celebraron un pequeño paso para la UD Las Palmas con valor enorme. Hasta los gélidos Peckhart y Blum no podían ocultar sus dientes en ese momento de liberación colectiva.


Ese gesto en la pequeña fiesta canaria es tan importante como el resultado, porque descubre el sufrimiento anterior hasta el gol del zaguero que estaba haciendo historia en Riazor al convertirse en el primer jugador de la UD Las Palmas que posee tres etapas distintas en el club. La nota individual es insignificante para todo lo que conlleva ese triunfo que, sin embargo, deja al equipo en la misma posición en la que estaba: undécimo, justo en el ecuador de la tabla de Segunda División. Pero este lunes las cosas se ven de distinta manera.


Pepe Mel consiguió en su estreno lo que no pudo tener Paco Herrera. Pero sería injusto no valorar que detrás del 0-1 al Depor hay un poco del anterior entrenador amarillo, que en el aspecto defensivo había establecido unos parámetros más entonados con lo que Las Palmas precisa para sentirse candidata a algo. Un ejemplo puede ser el mismo primer relevo de Mel ante el Depor, devolviendo protagonismo a la zaga diestra del equipo con Eric Curbelo. Ese cambio, con matices defensivos, mejoró incluso aspectos de ataque en la banda derecha.

Y hasta la suerte en una decisión acertada del colegiado no se convirtió en un contratiempo, sino en un acelerante del explosivo final grancanario.


Mel ha recibido la gracia del entrenador debutante; aquel dicho de la victoria segura. Y, además, se trae a la isla la mejor sensación del equipo en las dos últimas temporadas con la más regular actuación en 90 minutos del equipo.


La montonera de Riazor es la primera conquista real del entrenador, que ahora ya no observa a una plantilla con la mirada perdida o las cabezas agachadas. Y ante el televisor, en todos los rincones de los leales seguidores amarillos, se produjeron miles de montoneras animados por un "¿y por qué no?". Si el futbolista cree, la palabra imposible quizá solo exista en el diccionario. "Para jugar al fútbol hay que tener las cabezas limpias" le dijo el hoy entrenador amarillo precisamente a los jugadores del Deportivo hace apenas unos meses, cuando él dirigía allí. Limpias, sí; y llenas de compromiso.


Los jugadores se entregaron, ganaron y han pedido perdón. Y ahora la grada mueve ficha.