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Siete técnicos en dos años y una ola de frío

  • EL OTRO PARTIDO
  • 25/02/2019 - 13:34
Paco Herrera, entrenador de la UD Las Palmas de Gran Canaria (C. Torres)

Manuel Borrego


Desde la segunda parte de la temporada 2017-18, la UD entró en una situación de inestabilidad por la consecha de resultados que ponen a prueba el pulso a todo su andamiaje. Los marcadores son lo que importa, prácticamente hemos de decir lo único que ya importa, no las sensaciones o los argumentos que de ellos se ofrezcan, con una ola de frío y derrotas como la de este último fin de semana que vuelven a cuestionar las aspiraciones de éxito final en la campaña.


Incluyendo al propio Quique Setién, siete técnicos se han sentado en el banquillo del equipo amarillo en apenas dos años naturales. Siete: y se dice rápido. El equipo principal no logra sus metas y los nervios, propios e inducidos, no se ocultan.


Se ha intentado todo desde el club, con un esfuerzo supremo: Cambios de piezas, revulsivos sociales, captación de jugadores expertos, ... Con Paco Herrera se está amasando una reacción, que se realiza en plena travesía, pero sigue siendo incompleta, especialmente fuera de casa.

 

Acudir al octavo pasajero de ese cargo, como plantean algunos sectores del ambiente amarillo, podría ser la siguiente solución que se aplique. Eso nunca se puede descartar porque el fútbol tiene estos mecanismos que siempre se emplean. Pero ¿es solución segura?.


Cabe en estos instantes, donde todavía queda mucho por definir en la campaña, advertir que en las temporadas de más de dos entrenadores del club no se lograron los objetivos que se buscaban con esos relevos. Especialmente, los objetivos más ambicioso. Ocurrió en seis temporadas anteriores, con descenso a Segunda B en 1991-92 (cuatro entrenadores), a las puertas del ascenso en 1994-95 (tres técnicos), de nuevo sin premio de ascenso en 1996-97 (tres entrenadores titulares), descenso de nuevo a Segunda B en 2003-04 (cuatro técnicos), permanencia sobre la bocina en 2008-09 (tres entrenadores) y descenso a Segunda A en 2017-18 (cuatro preparadores, incluyendo el paso transitorio de Paquito Ortiz).


Condicionar la continuidad de Paco Herrera cuando tanto se juega el equipo en el próximo mes es una presión añadida al que le siguen sobrando muchas palabras y faltan hechos. Y eso lo han de hacer los jugadores. No hay que mirar más lejos. Porque de su rendimiento depende que todo lo demás tenga o no la estabilidad que ahora se anhela.