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Opinión

Srnic y la doma de un cocodrilo

  • ENTRE BASTIDORES
  • 02/02/2019 - 13:20
Srnic, en el Estadio de Gran Canaria (C. Torres)

Manuel Borrego

 

Contaba en su día Kiko Narváez, el que fuera internacional absoluto y campeón olímpico en los Juegos de Barcelona 92, que cuando la confianza desaparece en el futbolista el balón se convierte en un cocodrilo. Es como si diera la impresión que acude a las botas para morder porque "todo el mundo se sacude la pelota de encima lo antes posible".


Ese ha sido un problema detectado en varios partidos de la UD Las Palmas, especialmente fuera del Estadio de Gran Canaria. Y con mayor claridad en la visita del pasado fin de semana al Nástic. El cocodrilo estuvo en el campo del club catalán durante más de una hora. Hasta que por fin salió desde el banquillo Momo Figueroa y lo amansó con su delicadeza futbolística, combinando y moviéndose entre líneas para que la UD Las Palmas diera la impresión en el tramo final de ser un verdadero equipo con ambiciones.


Los dientes largos de una posible derrota, con el daño paralelo que ya se comprobó en las visitas a Cádiz, Lugo y Córdoba -por sólo hablar de la etapa de Paco Herrera- tiene que controlarlos la plantilla de la UD Las Palmas. Parecía atenazada, sin abrir la puerta a la imaginación futbolística que en teoría atesora su plantilla. Un candidato al ascenso no puede vivir del qué pasará. Tiene que salir al campo de juego a construir el qué va a pasar ... en la isla o en cualquier rincón de la Segunda División.


Quizá por ese ausencia de personalidad -intermitente-, quizá también por el carácter del propio jugador de los Balcanes o por su aire fresco se presenta en la isla a un jugador como Srnic, ya maduro en edad, con rango en un equipo de alto standing y nada intoxicado de lo que ha sucedido hasta ahora en el campeonato, que sí parece condicionar la confianza o el estímulo con el balón de los jugadores en plantilla de la UD Las Palmas.


Habrá que esperar a ver cómo se integra Srnic, que llega al equipo con la doble dificultad de desconocer el estilo, el contexto deportivo e, incluso, la comunicación fluida con sus compañeros. Todas esas barreras las ha de superar en tiempo exprés. Porque ese supuesto reptil que tanto pánico puede causar en el juego, al menos en citas fuera de la isla, tiene que haberse quedado en Tarragona. El reloj de arena ya se pone en marcha en febrero con el calendario, las oportunidades y las excusas agotándose. Srnic no puede ser una solución a un todo, aunque sí debe ser una pieza que contagie lo que Momo quiso explicar a sus compañeros con su sencilla mirada futbolística.

 

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