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Opinión

Cuando no hay fútbol, amor propio

  • ENTRE BASTIDORES
  • 12/03/2018 - 20:49
Formación titular y esquema de juego que Jémez empleó para recibir al Villarreal

Manuel Borrego

Lo que no se le puede negar a Paco Jémez y a su equipo técnico es su intento incansable para buscar la fórmula definitiva que arregle este desaguisado futbolístico en el que se encuentra la UD Las Palmas desde hace un año inmerso. Jémez es heredero de una situación caótica que se experimentó en la segunda vuelta de la pasada temporada, tras el extraordinario primer tramo con Quique Setién. En la misma temporada todo cambió y los relevos (técnicos y en plantilla) no han logrado cortar de pleno la cascada de derrotas y, sobre todo, de goles en contra que mantienen en situación de riesgo máximo al equipo grancanario.

El técnico le ha dado mil vueltas a la plantilla y la función individual de sus futbolistas. El experimento de Montilivi fue un intento de contrarrestar defensivamente a un Girona que aprovechó la ocasión para comprobar que el problema real de la UD Las Palmas es la coordinación defensiva para contener a adversarios con ideas muy claras.

Ese día ante el Girona fue el peor de la campaña, con una desorientación extrema que se logró reconducir en las jornadas sucesivas volviendo al sistema de cuatro atrás y hasta cinco jugadores por delante y un ariete. Este pasado domingo el entrenador volvió a variar su esquema con una solución que le dieron mejores proporciones ofensivas, creyendo que el primer problema está solucionado. No encontró lo que buscaba porque, según explicó, el ritmo de los jugadores amarillos era muy bajo ... como si "tuviéramos las piernas atadas".

El desánimo actual en el ambiente contextual del equipo no guarda, en realidad, proporción a las posibilidades de permanencia que aún tiene delante. Esa es la realidad. Las Palmas está por incapacidad propia en situación de descenso, pero también situada cerca de otros tres rivales con los que debe competir aún en diez jornadas que aún restan en el calendario. Que Las Palmas no está bien en cuanto a nivel futbolístico es algo que a estas alturas no debe sorprender. Pero cuando falta el fútbol, hay que compensar esa carencia con garra.

La búsqueda de Jémez no debe cesar, ni la pelea de jugadores y el ánimo de los aficionados. Hacerlo es tirar la toalla. Pero el entrenador requiere un instante de reflexión para concluir si el camino actual es el que sigue teniendo conveniencia, si el uso de su sistema con las prestaciones de algunos jugadores merece mantenerlo o combinar con fórmulas más sencillas y directas.

En sus manos está el futuro de una de las campañas con más dolor en la historia del club dentro de la Primera División. Pero en diez jornadas de inspiración, amor propio, coraje y aciertos todo se puede arreglar. El objetivo no es convencer o gustar; es salvar al equipo de un descenso.