
Antes, durante y después hubo gestos que generaron el malestar de los amarillos, que entraron en el juego de tanganas
M.B.
El Cartagena vino al Anexo del Gran Canaria a jugar con los nervios de los futbolistas de Mingo Oramas. Sus gestos se desarrollaron antes, durante y después de la contienda. Una colección de actuaciones que no tuvieron proporcionalidad en las decisiones disciplinarias. Todo comenzó en el túnel de acceso al campo de juego. "Alguno de vosotros se ha hecho caca. Aquí huele", dijo una voz no identificada en dirección a los jovenes jugadores a amarillos. Era el preludio de cuanto iba a acontecer en el encuentro, donde los grancanarios acabaron mordiendo el anzuelo de una plantilla rival con más años de vuelo y conocedora de las otras artes ajenas al balón.
Los roces llegaron incluso a inicio de tangana cuando, tras el gol de Carlos Martínez, futbolistas del Cartagena se desplomaban pidiendo la paralización del partido para ser atendidos supuestamente por problemas musculares. A veces hasta dos futbolistas a la vez. Esa presión a contrarreloj perdió el control de algunos miembros del equipo local, que entraron en el juego de empujones y mensajes. Lo cierto es que ya no hubo partido prácticamente después del 1-1 hasta la finalización, sembrando la impotencia de los amarillos que acabaron entre lágrimas.
Pero ahí no acabó todo. Mingo Oramas convocó en el vestuario local a todos los jugadores de Las Palmas Atlético para tratar de asumir por dentro el descenso de categoría. Y fue ahí cuando un nuevo comentario, al parecer del portero Limones, invadió la intimidad de los grancanarios y a punto estuvo de producirse un incidente entre miembros de las dos plantillas. Más empujones ... Sin embargo, imperó la cordialidad y se hizo la paz. En el vestuario de Las Palmas Atlético, silencio. En el de Cartagena, "¡campeones, campeones!" (?).

Galería de fotos: C. Torres




