"Alfredo era completo en defensa, en la creación y en ataque"
07/07/2014

León y Felo coinciden en afirmar que Di Stéfano destacada en todas las facetas del juego

M.B.

Era su última etapa como futbolista. Se terminaba la carrera balompédica Di Stéfano, venía de camino la mejor UD Las Palmas de la historia. "Me retiré a los 40 años de edad porque mis hijas un día me miraron y me dijeron: "Papá, calvo y con pantalones cortos, no quedas bien", reconoció en una ocasión la Saeta Rubia, Alfredo Di Stéfano, fallecido este lunes a los 88 años de edad. En esa etapa, Don Alfredo era jugador del Espanyol de Barcelona y José Manuel León, uno de sus más fervientes admiradores. El extremo grancanario quedó encantado porque uno de los días más esperado en su carrera profesional había llegado en el estadio de la carretera de Sarriá, para medirse periquitos y grancanarios. "Fue una de las ilusiones de mi vida como futbolista", reconoce José Manuel León a Tinta Amarilla, pasados tantos años. "Le pedí a Alfredo hacerme esa foto con él, que es uno de mis tesoros profesionales. Aquel día me encontré con mi ídolo en el campo de juego y el partido quedó en empate. Marcó él para el Espanyol y yo para Las Palmas. ¡Qué más pedir!". Esa imagen corresponde al 2 de enero de 1966, en Barcelona.

La devoción que había despertado la Saeta en aquellas generaciones de los años cincuenta y sesenta, que le vieron en los campos de juego, fue altísima. Le consideraron el número uno del fútbol mundial. El grancanario Felo Batista -imagen de la derecha- coincidió con él en aquel Real Madrid emergente, club al que había sido traspasado por la UD Las Palmas. "Alfredo no era sólo el mejor en el vestuario, sino que luego daba ejemplo en el campo de juego. Era un gran defensor, un gran centrocampista y un mejor delantero. Como futbolista brillaba en todas las facetas y eso no se lo hemos vuelto a ver a ningún otro jugador. Tenía un fuerte carácter, pero contrariamente a lo que piensa mucha gente no era antipático; era su papel en la vida, pero con sus compañeros de equipo, un ser inmejorable que calaba en todos los jugadores".

Mamé siguió antes, durante y después la trayectoria de la Saeta. "Luego nos encontramos en los banquillos; yo, en Las Palmas; él, en Valencia. Y conservamos una buena relación personal que me sorprendió gratamente. En una ocasión coincidimos en el Hotel Barajas, donde estaba concentrado el Valencia para disputar una final de Copa con Di Stéfano como entrenador. Tuvimos una larga charla y al terminar me preguntó si iba a acudir al encuentro. Y tuvo el detalle de llevarme en la guagua del equipo valenciano camino de la final".

Para León "Di Stéfano era un 8.5 en todo y, además, mantenía una exquisita regularidad. Tenía un genio en el campo que contagiaba a todos los jugadores. A partir de su llegada es cuando el Real Madrid se convierte en un club grande del fútbol mundial".

Felo también valora en ese nivel a Di Stéfano porque "hizo muy buenos a todos los demás, que ya eran jugadores extraordinarios. En aquella época no se dudaba de que era el número uno. También como persona, lo puedo asegurar. Mantuve una relación con él que se prolongó todos estos años. Por último apenas intervenía al teléfono, pero siempre me enviaba frases de recuerdo. Su cabeza funcionó muy bien en todos estos años. Lamentamos mucho su pérdida".

"Ningún jugador es tan bueno como todos juntos", decía cuando estaba en el papel de responsable técnico. Sabiduría de fútbol profundo.

"Él era un jugador tremendo en el campo, un ganador nato. Recuerdo con viveza sus duelos con la defensa de la UD Las Palmas, especialmente con Beneyto. Ninguno rebajaba la tensión en el juego. En el Insular fue tremendo pero en una ocasión, en Chamartín, Alfredo también le hizo una entrada que aún hoy recuerdo, pisándole. Beneyto cogió su bota, se la colgó sobre el hombro y se marchó al vestuario. No quería saber más del partido", revive emocionado Felo.

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