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La dura vida de Aranda, un goleador descubierto por Del Bosque

El nuevo jugador de la UD luchó por ser futbolista tras una dura infancia en la barriada malagueña de El Palo

  • ENTRE BASTIDORES
  • 03/09/2013 - 01:11

T.A.

En 2004, El País publicaba con la firma de Napoleón Fernández un interesante reportaje sobre la trayectoria del entonces jugador del Albacete Balompié, Carlos Aranda, comparada su infancia con una "vida curtida de un pibe de una villa-miseria de Buenos Aires, el hambre de balón de los meninos de las calles brasileñas y la lengua ferina para contar verdades de un rapero de Nueva York. Aprendió todo eso de una vez en la barriada malagueña de El Palo".

Inició el relato recordando que "su padre abandonó la familia cuando él era una criatura. Su madre fue arrastrada hasta la muerte por el consumo de drogas y un cáncer cuando él era tan sólo un chaval de nueve años. Una niñez marcada por la tragedia y que apuntaba a un final triste entre la delincuencia y las drogas. (...) Aranda abandonó la escuela, agarró la pelota, se puso el bañador y se fue a las playas de Málaga para aprender, como los cariocas en Río de Janeiro, a manejar el balón y a marcar goles, muchos goles. Con su fútbol regateó al pasado y asumió el dominio de su vida construyéndose un nuevo destino de éxitos".

"Me acuerdo de mi madre cuando marco un gol"

El propio Carlos Aranda narraba parte su propio episodio personal de esta manera: "Me han criado mis abuelos. Mi padre se marchó a otro país, creo que a Francia. No me importa ni me interesa. Porque mi familia son los que me han criado, mis abuelos y mis tíos maternos. Mi madre se llamaba Nina Aranda. La perdí siendo muy pequeño. Se murió de cáncer en los ovarios, aunque también tenía problemas con las drogas. Era drogadicta. Pero sólo tengo buenos recuerdos de ella. Era muy buena gente, con mucha fuerza, la más guapa de la familia. Me han dicho que he salido a ella en todo: en la cara, en los ojos, en la mirada... Siempre me acuerdo de ella cuando marco un gol. Y también antes de los partidos. Todos mis goles están dedicados a mi madre. Tengo su fotografía en mi habitación y siempre la miro antes de dormirme. En los días tristes se me caen dos lagrimones. Tengo una espina clavada porque no pude hacer nada por ella. Era un nene de nueve años cuando se murió. No sabía ni lo que hacía ella. Pero ahora daría todo para tenerla a mi lado con sus mismos problemas. Yo la atendería. Seguro que la curaría. Mi familia intentó alejarla de la droga, por supuesto. Pero yo lo haría mejor. Me habría gustado que la vida me hubiera dado la oportunidad de curar a mi madre. Una madre es una madre, sea como sea. Eso fue lo que me ha hecho más maduro. Fueron sus hermanos, mis tíos, los que me han llevado por el camino del fútbol".

"Pescaba pulpos y los vendía para comprar unas botas"

"Nunca pedí dinero a nadie. Iba a pescar pulpos para vendérselos luego a los restaurantes. Todo, para comprarme unas botas y un balón. Hacía lo que fuera para comprarme balones. De Málaga salen los mejores jugadores porque todos los niños juegan en la playa, pero con la cabeza no demasiado bien amueblada por la vida liberal de la costa",  expresaba el futbolista, entonces revelación del campeonato de Liga. "Robé una moto para comprar unas gafas surferas para mi novia. Un amigo le hizo el puente y, cuando iba a arrancarla, llegó la policía. Mi primer robo y... pillado. Mi compinche estaba a mi lado, pero asumí solo lo ocurrido. No le delaté. La suerte es que me trataron bien en la comisaría. Declaré que era la primera vez que robaba algo y que era para comprar un regalo para mi chica. Al final, me dejaron marchar".

Captado por Vicente del Bosque

Su suerte cambiaría porque el hombre que le descubrió para el Real Madrid fue el propio Vicente Del Bosque, entonces director general que había ido a ver al jugador de El Palo que ya deslumbraba. "Ganamos a un gran futbolista y salvamos a una persona maravillosa. La cantera madridista no es sólo para los chicos rubios y guapos. Era muy travieso. Le dejé bien claro que el Madrid no es una fabrica de vagos. Como huía de la escuela, le pusimos un profesor particular en la Ciudad Deportiva", le recordaba el seleccionador con el paso de los años.

El ahora jugador de la UD Las Palmas le devolvió la confianza a su mentor anotando en los filiales del Real Madrid 66 goles en 130 partidos. "E incluso se alineó con el primer equipo en dos encuentros de competiciones europeas en 2001".

"En El Palo, cuando jugábamos un torneo, nos decíamos que o ganábamos por las buenas o por las malas. Es mi forma de ser. No lo hago para mal, sino para bien, por vencer (..) No puedo perder. Quizá juegue peor, pero como no me veo... Veo a los demás. Puteo a todos los compañeros, a los adversarios, al árbitro... Quiero ganar siempre. Y, si no gano, tengo que hacer algo: una trampa o lo que sea. Lo hago de modo inconsciente". Ese carácter lo transmitió luego en sus quince temporadas como profesional del balón.

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