ENTRE BASTIDORES

* El delantero grancanario reaparece 40 semanas después de su lesión frente al Sevilla y en plena crisis de resultado de un equipo que necesita su potencia y puntería
Apenas tuvo tiempo el balón para saludar a Sandro Ramírez (30) este sábado, el día de su vuelta a los terrenos de fútbol. Pasaron 41 semanas desde su despedida anticipada en Primera, contra el Sevilla, antes de iniciar un largo proceso de recuperación que aún no ha terminado. Porque los escasos minutos del Sandro que se vio frente al Castellón nada tienen que ver con el jugador que se espera en la UD Las Palmas.
La confianza en su disparo por parte del club está fuera de cualquier duda. Fue un nombre descartado en cualquier operación salida de los dos mercados del presente campeonato, pese a estar en el dique seco. Y de él ha pronosticado el entrenador que “será una gran ayuda” para la recta final del campeonato.
Lo que Sandro no esperaba, sin duda, es regresar a la dinámica competitiva con una fase de siete encuentros sin ganar de su equipo y una carencia ofensiva (quizá llamarla precisión) que le está costando muy caro a la UD Las Palmas. En los siete partidos señalados en los que desconoce la victoria, sumó 6 goles y rebajó a 5 la cosecha de puntos.
Sandro no puede ser la solución; es una ayuda. Ya lo fue en 2022-23, con García Pimienta, cuando firmó 4 goles en las cuatro últimas jornadas de un ascenso por la vía directa.
Con permiso de las lesiones, queda conocer más del nuevo Sandro, verlo recuperar la puntería o aportar la determinación. Pero también indagar más en los Miyashiro, Estanis Pedrola, Bravo, … porque lo de Jesé es caso aparte. Sin objeciones, Señoría.



